domingo, 14 de mayo de 2017

Anécdotas 8.0...

ACTO 8 - RESURRECCIÓN

En la verde oliva canta.
Ay, ¡qué canta!
En la verde oliva canta.
Ay, ¡qué canta!

Qué pájaro sería aquel
que canta en la verde oliva.
Corre y dile que se calle...,

que su cante me lastima...
Corre..., ¡y dile que se calle!
¡Que su cante me lastima!

Tu serás mi prenda querida.
Tu serás mi prenda...
Tu serás el pájaro cuco
que alegre canta de madrugá.

Ay, que te quiero.
Cuánto te quiero.
¡Cuánto te quiero!
Y sin ti mi alma
pa qué la quiero

Y por mi puerta no la pasen.
No la pasen por mi puerta.
Y por mi puerta no la pasen.
No la pasen por mi puerta.

Ya yo he dicho que tu entierro
no lo pasen por mi puerta.
Porque mirarte no quiero
ni a la carita, ni viva, ni muerta.
Ya yo he dicho que tu entierro
no lo pasen por mi puerta
porque mirarte no quiero
ni a la carita, ni viva, ni muerta.

Las entrañas mías, por ti las daré.
Que yo me encuentro pagao
con que tú me cameles bien.

[limonada] Me gusta el rostro de arrepentimiento de los culpables cuando pasan los entierros que han provocado por delante de sus puertas. Me gusta que experimenten la sensación de daño permanente. El suspiro roto irremediable. El deseo quebrado de un vaso de cristal que precipita. Las cenizas de una hoguera dentro de la lluvia que destrozó mi felicidad. Y la felicidad de otros. Ese rostro profundo que se petrifica al encontrarse de frente con las caritas de lo que han causado. Con el grano amargo de café. Con la rama que se parte. Con el limón amargo sin azúcar de limonada. Con las fresas negras. Con las fresas podridas. Con las uvas negras. Con las que no se puede hacer vino. Con los diarios muertos. Con las mentiras frías. Tan frías como tú. Con los ojos secos que no pueden llorar. Con esos ojos que intentaste llenar de mar. Un mar que escuece con la sal de los tequilas que bebías a salud del sufrimiento ajeno. Y es que para algunos la felicidad no es más que una risa. La misma que tú robaste. Te araña la nostalgia. Y vas al almacén de las reservas a ver qué queda allí para curarte. Cuando se abre una herida tienes la suficiente prisa como para no pensar en caducidad o malos estados. Solo quieres que no duela. Ya echarás de menos mi dolor. Qué ganas tengo de que otro dolor te sustituya, para poder contarle a todos que de ti no murió nadie.

[frío] Hace frío. El frío es motivo suficiente para no buscar el calor. Prefieres salvaguardarte bajo una manta en vez de arreglar la calefacción. Te da miedo desnudarte y enseñar lo que llevas dentro. Prefieres la enfermedad y la resignación. Prefieres un podría hacer algo y ahogarte entre los todo me va mal. Hace frío. Y el frío es motivo para odiarte, pero no el único. ¿Qué me he hecho? ¿Qué me he hecho yo? ¿Qué me he hecho que antes era el rey y ahora el nuevo villano? ¿Es que ya no me importo? Es que ya no voy en camisa a la facultad. Nunca he ido en camisa a la facultad. No en camisa de Polo. No en camisa de cuadros. Sí en camisa de rayas porque vivo rayado. Qué me he hecho. Cómo he podido dejar a tus cuervos entrar a merendar y les he servido té. Cómo has llegado a ser tan hijo de puta, tan fascista y tan esclavo de los demás al mismo tiempo. Cómo has podido hacerme esto a mí. Acércate a Finlandia y cuéntame cómo se vive allí que hace frío de verdad. Besa los ríos helados de Siberia y cuéntame qué se siente al sentir cómo se cortan tus palabras. Es verdad que sonríes sin motivo, mientes sin motivo y te emborrachas sin motivo; porque el motivo ya no quiere formar ni parte de ti. Cómo has podido ser tan cínico. Realmente, ahora entiendo todo. Estabas confundido con otra palabra del diccionario. Que no tiene nada que ver con esta amistad. Es difícil pronunciar un ya no eres nada cuando perdí casi todo. Hace frío. El frío es motivo suficiente para que nieve. Y tú estarás en algún castillo refinado, cubierto de dinero y jugando con mentes llenas de plástico. Echando de menos al maricón que tarareaba canciones de Rihanna en el coche, en la calle y en cualquier lado. Y eso que sabes que esa palabra es la que más odio. Echando de menos a la persona más loca que has conocido, pero la que más sabe querer. Probablemente, la que más te haya querido de verdad. Ahora tengo hambre. Y el hambre es motivo suficiente para comerme el mundo. Sin ti. Ahora que sé que solo me dejabas las sobras.

[rascasuelos] En algún momento noté la hierba fría. En algún momento deseé que Roma ardiese y que todos los caminos me llevaran a casa. Verano, tus movidas te las puedes guardar, que no quiero más meses prepotentes. Me conformo con esperar el año nuevo de septiembre. Tranquilo, Jose, que lo malo ya ha pasado. Y lo peor está por venir. Nadie escribirá de ti cuando yo haya muerto. Puedes quedarte todo lo que me pertenece y todo lo que te pertenece. Ya no me importa. Soy esa máquina de escribir que ya nadie usa por el miedo a equivocarse, porque la tinta no se puede borrar. Los errores permanecen. Como yo. Soy un recuerdo. Los billetes de tren, las fiestas, los tickets de regalo y las fotos: eso no son recuerdos. Son solo dardos sin diana. El recuerdo es el agujero en el que nos hemos metido. Lo demás son solo balas. Y bastantes disparos tengo ya en la cabeza como para encima ir tropezando con tus armas. Pasa por mi cabeza esta noche. Pon tú el vino, como siempre, que a la reflexión ya invito yo. No hace falta que me des las gracias. No tienes ninguna. En el fondo, no ha cambiado nada. En el fondo, pocas veces cambia algo. Y esto es algo que sé, porque he tocado el suelo. Varias veces. Ojalá me concediesen el permiso para entrar en los sueños de otros. Así me culparían por cosas de verdad y tendría que sentirme culpable por cosas de verdad. Me he sentido turista de mí durante un tiempo. Las noches en mis hoteles se cobraban caras. No había servicio de habitaciones. No había recepción que iluminase mi rostro. No había piscinas con palmeras, sino lagos de lluvia interior. Dentro de mí solo había tazas de té y poemas que me cortaban las venas con sus versos. Tuve que mudarme porque no podía permitirme tal lujo. Ni tal pena. Tuve que mudarme a otra cabeza que no me recuerde que olvidas. Tuve que mudarme a otro sitio. Otro sitio que me hiciera más feliz. Y todo esto lo digo porque en algún momento noté la hierba fría y en algún momento deseé que Roma ardiese y que todos los caminos me llevaran a casa. Y cuando llegué a casa, solo encontré más caminos. Encontré que me habían cambiado el cerrojo y que no podía entrar. Que rendirse no era una opción. Tenía que seguir caminando y elegir más nuevos caminos y otros no tan nuevos. También encontré un fusil lleno de indiferencia que hacía más daño que cualquier cañón. Que hacía más daño que cualquier personalidad kamikaze. Era tuyo. También encontré una corona de espinas con la que iría dejando rastros de sangre. Como este fragmento. Quizás pensabas culparme por esos rastros de sangre en vez de desalojar todo el dolor que se hospedaba dentro. Quizás. Ojalá nadie vuelva a subirme al cielo si después piensa soltarme. Estoy cansado de besar el suelo. Rascasuelos. Rascasuelos.


Si esta es tu mierda de lucha: yo no soy tu guerra.

Al final me he colgado yo
pero creo que esta vez hablaba de medallas y no de sogas
y en tu mente sonaba algo parecido a una ambulancia 
chocando contra otra
y creo que éramos nosotros jugando a salvarnos la vida
con esas charlas que desafiaban al verbo tiempo.
Solo fue otra excusa para complicarnos un poco más la vida,
que es la manera más divertida de pensar un poco menos
en el vacío que reside ahí dentro.

[hadas] Espero que no te olvides nunca de que estoy ahí. Sé que he sido despistado y probablemente no el mejor en algunas acciones. Eres muy grande. A todos nos llega un momento en el que podemos elegir ser de los que viven o de los que dejan el tiempo pasar. Tú siempre has elegido vivir. Y a mí me has abierto los ojos de par en par. Me has demostrado que la vida son dos días y uno te lo pasas trabajando. Que hay cosas que se tienen que acabar para que otras nuevas puedan empezar. Que más vale disfrutar porque el viaje es solo de ida. Que cometer errores es humano y no hay que castigarse de más. Que hay que olvidarse de los que nos hicieron daño porque, créeme, acabarán poniéndoles en su lugar. Y que, sobre todo, los malos sentimientos tienen que ser cosa de otros. No de nosotros. Que los que te quieren para siempre, siempre estarán. Como tú. Como yo. Condición necesaria y suficiente. Que hay que levantarse con unas pocas ganas de comerse el mundo para evitar que todo se vuelva gris, aunque después nos echemos la siesta. Y si llegas al punto de aburrirte, replantéatelo todo porque seguramente no esté compensando. Los amigos verdaderos son tan difíciles de encontrar como dos gotas de agua idénticas. Es que no se encuentran todos los días. Ni todos los años. La buena amistad son momentos de confianza, momentos demasiado memorables y empujones acertados. Es conocerse hasta el punto de saber sus flaquezas y poder predecir sus movimientos. Es hacer terapia durante una ruptura sin importar las horas día tras día, y si es en una azotea con brisa veraniega mejor. Es luchar juntas contra viento y marea y lo que toque. Es saber que realmente va a estar ahí a pesar de las consecuencias porque te lo ha demostrado no una ni cien veces, sino infinitas. Y sobre todo, es saber que va a haber alguien que te diga “basta” cuando nadie más se atreve. ¿No te identificas?

[mares] Te doy las gracias por escuchar todos y cada uno de mis dramas. Te doy las gracias por hacer que mis montañas sean granos de arena, sobre todo cuando yo pongo los baches en el camino. No hay nada más bonito que entregarme en amistad por una persona como tú. Tú has seguido ahí. En lo bueno. En lo malo. Pero nunca te has ido. No me cansaré de escribir sobre ti y de decir cosas bonitas a personas que guardan tesoros dentro. Tú eres una de ellas. Quizá por tu complejo de pirata. Me gustas porque no eres la princesa del castillo que va a dejar caer su trenza para que la salven. Eres más guerrera que eso. Me gusta que dejes guiar la libertad de tu corazón por la espontaneidad, pero siempre con cabeza. Hemos formado un dúo perfecto. Una de esas parejas que nunca se van a entender. De las que se quieren sin besarse y solo con pequeñas dosis de abrazos. Quizá eso es lo bonito, que no necesitamos nada más allá de nosotros mismos para querernos. Porque al final esto es lo que nos va a alegrar los minutos, las horas y los días: saber que hay alguien que no busca más allá. Que se tiraría horas perdido en ti. Que se enamoraría de tus pequeños placeres y de tus grandes manías. Alguien con quien ir a la playa solo a respirar pureza. Alguien que guarde tus lágrimas en su baúl de los recuerdos. Alguien que te ayude a levantar el ánimo, aunque sean las 6 de la mañana. Aunque miles de kilómetros nos separen. Qué concepto tan difícil de definir es el de la amistad. Ojalá todas fueran como la nuestra.

[06:33] Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 fue el momento en el que comencé a llorar cuando mi madre dio a luz. Yo no sé si lloraba, pero dicen que siempre he sido una persona que ha dado guerra. Troya cayó ese día. Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 fue el momento en el que me llevaban con el rostro destrozado y el alma partida por el asfalto bañado en alcohol de la feria. Troya cayó ese día. Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 fue el momento en el que los médicos del hospital les comunicaron a los hijos de mi abuelo que podían pasar a despedirse de él. Troya cayó también ese día. Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 me dispuse a irme a dormir decidido a contarle a mi madre al día siguiente que yo era homosexual. Troya nunca cayó. Y aunque no me creáis, siempre eran las 06:33. Las manecillas del reloj nunca habían sido tan traicioneras y el tempus fugit nunca nos dejaba fugarnos a las 06:33. Si tuviese que elegir morir en algún momento, seguro que no serían las 06:33. Yo no soy ningún cobarde. Y Troya volvió a caer. «La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo». Epicuro de Samos (341 a. C.-270 a. C.).


Poesía es mi abuela haciendo de comer durante 54 años para alcohólicos
que nunca entendieron el significado de la palabra responsabilidad.
Poesía es mi madre vistiendo luto para que nosotros vistamos seda.
Poesía es mi padre yendo a un trabajo al que odia
para que sus hijos no sepan valorarlo.
Poesía son las cicatrices que aún no han aparecido de todas esas heridas abiertas.
Poesía es solo un género literario
y yo un grandísimo cabrón al que le encanta jugar con ella.

[358/2] Creo que lo hemos llevado demasiado lejos. Si las cosas funcionan como siempre, nos esperan dos meses de silencio hasta que se solucione todo. Me dirijo a ti. Sí. Le hablo a esa persona que me ha mantenido despierto pensando en cómo las cosas han cambiando tanto, a ese de las escapadas nocturnas a todos lados. Nadie nos entendió. Nadie nos entiende. Nadie nos entenderá. Hay que desvincular los ventrículos de las aurículas para poder hacerlo y hay muchas arterias y venas congeladas para acercarse hacia la luz. Es complicado definirlo. Abrirse interiormente en el Canal de Suez es la mejor metáfora de la amistad. Raptar al silencio por Rabat es la mejor metáfora de la desidia sin más. Esa última metáfora no nos pertenece. Despojar tus miedos en Atenas fue mi mejor ovación a la alegría. Haber ayudado a seguir cosiendo cicatrices de larvas infectadas fue un reto que nos persiguió por la Alhambra. Volábamos con dos rumbos distintos: la liberación personal y la libertad dolorosa. Acabamos trazando líneas imaginarias en un mapa que nos llevase a la misma ciudad. Dicen que Málaga es libertad y también una pequeña gran manzana con sabor a mar. Hemos tardado en encontrarnos en tan pocos metros cuadrados. Hemos tardado. Me has abierto tus puertas para que instale el huracán de vida que tanto te hace falta. Me has dado la llave de una Caja de Pandora que nadie se ha atrevido a investigar por miedo a quebrantar la estabilidad. Y yo me la he jugado. Sabía desde el primer momento que yo sí era la persona a la que estabas buscando. Y eso que tú no buscabas a nadie. Sabía desde el primer momento que la suerte es para los principiantes y que la lucha era para nosotros. Me gustaría hablarte del efecto mariposa, de la teoría del caos. Cómo el batir de dos alas puede crear tifones y el movimiento estático contradictorio de las mismas puede no originarlos. Nuestra cadena de casualidades es preciosa. Yo no sé si alguna vez te has planteado por qué hemos acabado dialogando, liberando el viejo dragón chino que llevamos dentro o simplemente viendo batallas de La Voz Kids a las dos de la mañana. Cada día agradezco que esas casualidades nos hayan llevado hasta aquí. Hasta aquí. Hasta la ruptura. Hasta la unión. Hasta la alegría. Hasta el dolor. Espero que se evapore tu vergüenza para decir las cosas a la cara y sepamos solucionar las cosas mucho antes. Veo en ti todo aquello que le desearía a un triunfador. Me recuerdas al Guernica de Picasso, a "Guinda" de One Path, a Muchacha en una ventana de Salvador Dalí, a la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, a ANTI de Rihanna. Me recuerdas a las grandes obras. Eso significa que estás esculpiendo oscuridad. Esa que a mí me gusta. La que desnuda tinta en las historias. La que hace desgarrar el silencio en la capa de ozono de los gritos. No sé qué esperas de mí.

Nunca lleva las uñas limpias, porque a menudo,
cuando los demás duermen, sale al jardín
a desenterrar el pasado con las manos.

[barcos] Todavía es domingo, dictan los que se preocupan más por que mañana sea lunes. En mi casa es la misma hora que en la tuya, aunque no el mismo momento. De todas formas, ni siquiera estoy en casa. Siempre mejoro en otro momento. Quizás deberías probar tú también a huir de casa. Me pregunto por qué hace tanto frío, si estamos en mayo. Me pregunto cuántos botes de mermelada, imposibles de abrir, me va a costar darme cuenta de que no debería obligarme a estar tan solo. Me recuerdan un poco a ti. Tú no sabes estar solo. Escribo desde la resaca y desde el mirador más bonito al que nunca te llevaría. Aquí solo se respira poesía. Estoy empezando a pensar que tu vida es una cocina recién fregada de lágrimas. Cada vez que intentas ir a la nevera para comer algo, acabas resbalando. Con tus sentimientos. Constantemente. No sueles conectarte mucho a WhatsApp, así que no puedo localizar tus sentimientos con frecuencia. Escribo desde el barco que nunca me ayudará a cruzar el mar. Desde una ciudad donde parezco desaparecer. Como tus sentimientos de culpa. Escribo desde la ignorancia. Escribo desde la estela de fantasía que acaba en ti. No me culpes por aparecer aquí. Yo tampoco quería pronunciar su nombre. Es que me llamas la atención. Ya podrías llamarme, en vez de buscar un abrazo filosófico las noches de locura. Mejor no me llames. No aún.

XLIII. [transparencia] 
-Yo no sé, Jose, pero creo que mereces a alguien mejor en tu vida. Él no se preocupa por ti. No da nada. Solo te causa problemas y es gilipollas. Ha tenido problemas con otras personas y los ha dejado muy mal. Contigo no va a ser menos. Ya lo comprobarás. Yo no puedo ser imparcial. Malgastas tu tiempo y das demasiadas oportunidades. Yo no me molestaría en intentar cambiar a alguien que no te quiere. No da nada por ti. ¿Esto es lo que quieres? Yo creo que tú vales más que eso. Podrías centrarte en los que tienes más cerca, que por supuesto, dan mucho más por ti y no lo valoras. No sé, Jose, pero te vas a cansar de dar tanto y de recibir tan poco. Estás alimentando un pozo vacío en el que cavarás tu propia tumba. Hay personas que no están para ti en la vida y tú tampoco deberías estar para ellas. Quiero que despiertes ya de esa ilusión que te estás creando. Te lo digo de corazón.


XLIV. [over now]

Capítulo 1 - tragus
-¿Sabes que el kebab se ha hecho un piercing? Mira. Ya puede ser votante de Podemos.
+Si sabes mi nombre, ¿por qué intentas ridiculizarme?

Capítulo 2 - dolor
*¿Llamamos a Jose para un café?
-Mejor no, que está siempre en Teatinos y nunca avisa.

*Si antes quedabais todas las semanas y ahora no, es normal que parezca raro.
+Claro, si es que seré yo el que tiene que avisar siempre. Y tendré que dedicar seis días a la semana para que todo sea al gusto de cada uno.

[ángeles] Para mí hay penas que solo se pueden explicar escribiendo. Cuando hablo de escribir, hablo de desnudar el alma, que es una tarea bastante complicada. No solemos desnudar el alma porque realmente nos vemos feos por dentro. Es difícil de expresar, pero nuestros miedos nos cortan caminos. No solemos desnudar el alma porque tememos que nos vendan al mercado de la información y seamos otra pieza más de este triste juego llamado vida. Somos demasiado complejos. Y a la vez tan simples. Creo que a veces mis artículos son muy tristes y que causan mucho dolor, y yo normalmente no tiendo a transmitir tristeza. Yo fuera de este blog y de estas líneas siempre intento reír y hacer reír a los demás. Esto me demostró que los más sonríen son los que suelen llevar más oscuridad dentro. A mí me enamora esa oscuridad. De hecho, es mi marca de identidad. Pasar las noches despierto pensando en la cadena de acontecimientos que hará que las cosas no salgan como tú quieras. Pasar los días dormido con resaca sentimental. Es precioso. Creo que a raíz del dolor de estos dos últimos años he aprendido a ser más paciente. Los años no pasan en vano. Los palos hacen efecto. Sobre todo cuando te los llevas de personas que quieres. El dolor, la tristeza y el daño son experiencias difíciles de definir. Subjetividad. También he aprendido a hacer las cosas más despacio, porque todo lo que rápido sube, con más fuerza baja. El tiempo, el futuro y lo incierto son cosas que me preocupan. Pero cuando escribo, siento que todo esto se detiene. Me da la sensación de que me anclo en algún lugar y eso me da paz. Es la paz que se siente al desnudar el alma. Yo he llorado muchas veces mientras escribo. Yo me he sentido y he sentido la voz de eso que llevamos dentro. En el fondo, somos inocentes. Por mucho que digamos que no, siempre queremos confiar ciegamente en algo y en alguien. Para siempre. Creamos los para siempre para desafiar a la muerte, pero la muerte siempre gana. Es una visión un poco pesimista, pero es la más real. Me gusta aferrarme a ella. Nadie que me esté leyendo ahora mismo me leerá con el mismo entusiasmo mañana. Todo será diferente. Las historias del mañana están tejidas con el hilo del ayer. No aprendemos de los viejos errores y las costuras se descosen. Se descosen en kilómetros infinitos. Kilómetros que no se pueden volver a acercar. Yo no pido mucho. Si quieres, léeme poco, pero léeme bien. Haz que te duela. Reflexiona. Después ya, si te convence, quiéreme.

Fin del prólogo.

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