sábado, 31 de diciembre de 2016

Anécdotas 7.0...

ACTO 4 - REDEMPTION

«La salvación del ser humano está lejos. Los profetas ya no dividen mares en dos para salvar pueblos de la destrucción. Ahora los ahogamos mientras contemplamos su desdicha. Diez plagas no son suficientes para detener el egoísmo de un faraón actual. ¿Por qué giramos la cabeza cuando los demás padecen? Probablemente, después exijamos redención cuando necesitemos deshacernos de nuestras propias cenizas. De las cenizas a las cenizas, del polvo al polvo. Nuestros actos nos perseguirán hasta que alguien se sacrifique por quemarse a sí mismo. Y ya no tenemos a Jesucristo, pero tenemos a alguien que ya no da ni por él». Cuidado con las letras en negrita, que a veces te encuentras en ellas.

redención
Del lat. redemptio, -ōnis.
3. f. Remedio, recurso, refugio.


¿Dónde te transportas cuando te quedas en silencio? ¿En qué piensas? ¿Acaso es difícil encontrar una sonrisa verdadera detrás de esas piezas de marfil? ¿Quién te estrecha su mano cuando te estás hundiendo? ¿Quién? Pretendemos buscar las respuestas de unas preguntas tan polvorientas que quizás preferiríamos no haberlas sacado del baúl donde estaban escondidas. Nos sumergimos en la desesperación tratando de hallar la solución de nuestros enigmas. Unos enigmas inconexos. 7 484 630 662 personas en el mundo y seguimos sintiéndonos solos. 350 millones de tuits enviados al día y seguimos necesitando comunicarnos. 64 mil millones de mensajes de WhatsApp enviados al día y seguimos culpando a la distancia de nuestra propia despreocupación. A veces aparecen ángeles (esos que no nos merecemos)..., a los que no les damos las gracias. Ángeles que nos ayudan a vislumbrar esas respuestas. Queremos experimentar esa sensación de supresión de cadenas. Queremos que alguien nos guíe y nos libere. Después nos olvidamos de todo y volvemos a exigir redención. Los ángeles también mueren si dejas de creer en ellos. Se avecina un funeral.


Un presente en común.
Dos huidas que sólo pasan una vez en la vida.
Tres terceras personas marcando el paso.
Cuatro lágrimas desfilando.
Cinco días sin saber nada de ti.
Seis trenes con sin destino.
Siete pisos sin ascensor.
Ocho veces tumbados fue derrota y no infinito.
Nueve minutos con complejo de años.
Diez mandamientos.
...
Cero respuestas.

[fui yo quien te obligó a marcharte] Diría que no te echo de menos y que nunca en este tiempo te he echado, pero te estaría mintiendo. Te estaría mintiendo como esa primera borrachera que nunca le hemos contado a nuestros padres, o como esa segunda, o esa tercera. Te estaría mintiendo como todos esos años que nos pasamos mintiéndonos a nosotros mismos encerrados en un triste armario. Te estaría mintiendo si alguna vez hubiese deseado tus labios, pero no puedo desear lo que ya he tenido. Te estaría mintiendo si no te dijese que me alegro mucho del lugar en el que la vida nos ha puesto. Estamos lejos, aunque nos separen solo dos filas en clase. Estamos tan lejos como esas gaviotas que nunca emigran y tan lejos como esas que sí lo hacen. Nunca hemos hecho castillos de arena juntos, y puede que nunca los hagamos, pero cada castillo de arena te recordará a mí, al igual que a mí nunca me recordarán a ti esos castillos de arena. Siempre volvemos, por mucho que pase el tiempo. Soy esa espina que nunca quieres quitarte, porque así puedes enseñarle el dolor que te dejé a los demás. Lo que no saben es que besas esa espina por las noches, mientras le pides a la luna lorquina que te deje contemplarla un minuto más. Somos tanto y a la vez tan poco. Siempre te gustó escucharme hablar mientras se te caía la baba por la forma tan inteligente que tenía para soltar mis discursos. Eso decías. Siempre te gustó que te escuchase cantar y que creyese en ti. Nunca te dije que me gustaba tu voz, porque tenía miedo a que una opinión tan banal como la mía te hiciese conformarte. Nunca te dije que me gustaban tus dos acentos, ni tu forma de sonreírme. Nadie me ha sonreído con tanta verdad como tú lo hacías. Yo nunca te he sonreído así, ni sé si podré hacerlo algún día. Era algo muy descompensado. Tú merecías a alguien mejor y yo no puedo hacerme sentir a la fuerza lo que nunca he sentido. No sabes la cara de tonto que se me queda cuando veo que sigues respirando mi perfume como el primer día. Todos mis perfumes. Ya sabes que yo soy como el viento. Sé que no me has olvidado. Y yo a ti tampoco. No te confundas. Yo no te quiero.

[21-diciembre-2016: carta de agradecimiento]
          [falso-cobarde-maravilloso] 
         Tres palabras que han cambiado mi vida. Unidas por un único nexo repetido hasta la saciedad: miedo. Siempre habrá lugar para discutir si eres un ángel o un demonio, pero desde luego tu aparición en mi vida ha representado el empujón a un cambio. Un cambio hacia la libertad. Porque... ¿No es la vida una búsqueda de la felicidad? ¿Por qué seguir truncando nuestra felicidad con malas decisiones? Yo desde luego he disparado demasiado, despecho eran mis balas. Los heridos fueron las personas que más he querido que más daño me han hecho. Ahora tengo una enfermedad que curar y es que me han diagnosticado «arrepentimiento». He dejado muchas heridas que sanar, autoestima que ganar y dignidad que recuperar. Pero Jose, tengo que darte las gracias por todo, por hacerme ver, crecer, comprender, sufrir y disfrutar. Ahora mi vida tiene un nuevo rumbo: «la superación».

Con cariño,
Daniel Vargas Sánchez.

XLI. [la próxima vez ya lo haremos mejor] 
Capítulo 1 - manecillas del reloj
-Bueno, Joselito, ¿se te ha pasado ya el cabreo o qué?
+Sinceramente, creo que no tenemos que hablar nada. Si antes no tenías ni un segundo hablar en tu ajetreada vida, ahora tampoco considero que lo tengas. No tengo nada más que decir.
-Ahora he acabado paraciales jajajaja.
+A mí eso no me sirve de nada. Lo siento mucho.
-Bueno, pues si ya está todo solucionado, pues mejor.
+No hay nada solucionado. Sé lo que tenía que saber y he visto cómo se actúa en determinadas situaciones.
-La verdad es que sabiendo cómo han sucedido varias veces anteriores los acontecimientos, pensaba que sabrías entenderlo.
+¿Entender qué?
-No sé. Sabes que me he pasado desde el puente a full estudiando, y que no cogía nada el móvil.
+Has hablado con todos. Sabías que yo estaba mal, y no has tenido ni un segundo para decir nada.
-Un segundo sí tenía, pero sabía que si hablaba contigo, me iba a quedar hablando toda una tarde y pasarme rayado tres días más.
+Tres frases. No has tenido tiempo para decir que hablaríamos en otro momento. No has tenido tiempo para nada. Lo peor es que he estado muy solo con esto, mientras todos estaban bien. No sabes cómo te sientes cuando todos te dan la espalda, tú sigues haciendo las cosas bien y que las cosas vayan a peor. No lo sabes. Realmente te necesitaba, y ni para un mísero segundo.
-Lo sé.
+No has estado a la altura. Pero ya no es estar a la altura, es que ni siquiera has estado.
-No lo niego. 

Capítulo 2 - precipicios
-Yo me pongo en tu lugar ahora y sí. Realmente hemos estado juntos, pero no hemos hecho nada juntos. Ahora sí que veo las cosas más claras. Intenté exprimir demasiado la noche y no debería haber sido así. Yo quería haber arreglado las cosas en el Vialia, pero es que no sabía qué decirte y como tampoco hablabas, pues ahí se ha quedado la cosa. No me resulta fácil ponerme en la situación de otras personas. Debería hacerlo. Yo no digo que te portes mal. Si nunca lo he dicho. Bueno, en lo de [inserte nombre de chica] sí que me he columpiado, pero porque me he puesto a pensar y a pensar, y es la primera tontería que se me ha ocurrido soltar, la verdad.
+Yo no sé si te resulta fácil o no ponerte en la situación de otras personas, pero me parece muy egoísta por tu parte, cuando la gente se mata por ti, y en especial yo, y voy a hablar en primera persona porque es mi problema. Ahora, llega un acontecimiento y decimos que no tiene solución. Solución sí tiene. Me ha parecido incoherente todo, y el problema es tu actitud. Cuando me refería a expectativas, me refería a esto. Yo creo que esto no sería lo que tú esperarías de mí si hubiese sido al revés. El problema es que de mí se tiene todo. Entonces, ¿de qué nos vamos a quejar?
-Jose, siento no haberme puesto en la situación de los demás. Las cosas se podrían haber hecho mejor y este fin de semana no ha sido así. Perdona por no haber tenido la mejor actitud y me encabeconé en mi versión en lugar de haber visto las vuestras. Es una pena que me tenga que dar cuenta después de que pase todo y no en el momento. Sé que esperas mucho de mí y realmente este finde no he estado a la altura. Y bueno, supongo que son cosas a las que debería estar atento sin que nadie me lo tenga que decir.

Capítulo 3 - irrealidad
-Parece que todo el mundo está cabreado conmigo. [inserte nombre masculino] me ha contado algo al respecto.
+Yo seguiré quejándome de tu desorganización, te parezca bien o no. No es normal que con 19 años sigas así, esperando a que todo el mundo te lo dé todo masticado y hecho. Vas a tener que empezar a preocuparte por los demás un mínimo si quieres que después se preocupen por ti. Yo no te entiendo.

Capítulo 4 - código de moda
-Ya hablaremos del tema cuando toque. Pon unos calcetines de colores en tu vida y vive feliz. Buenas noches.
+Buenas noches.

Capítulo 5 - traición
+¿Qué tal?
-Mal.
+Vente esta noche y despéjate. Para que estés enfadándote sola y mal, no malgastes tu tiempo. Esto ya es así y no va a cambiar.
-Me quedo en casa.
+Te digo también que es esta noche. De aquí a la noche te da tiempo a despejarte y a todo.
-Ya.
+[inserte nombre femenino], ánimo, de verdad. Parece que llevamos unas semanas muy negativos todos.
-Es que lo que más me jode es lo mala persona que ha sido, porque le daba tiempo perfectamente. Porque sí que ha llegado a tiempo. Para eso, no te ofrezcas, que ya me hubiese ido yo de cualquier manera. Eso no se hace, te lo juro.

Capítulo 6 - agradecimientos
-Nunca viene mal que le pasen factura a uno.

+Puede que sí, pero hay que hacer las cosas mejor, porque si todo llevara el mismo nivel de organización/seriedad que le dais a las cosas, de aquí a un tiempo seríamos casi desconocidos.
-Si llevas razón, y por eso te agradezco que pongas las cosas claras de vez en cuando.


Capítulo 7 - suicidio
+Creo que noviembre y diciembre son dos meses que quedarán para el olvido. No termino de encontarme. Creo que muchas discusiones vienen a raíz de que no he sabido detenerlas a tiempo. Me estoy volviendo bastante más pesimista, muy irsacible, y, a veces, bastante molesto. Me gustaría que todo fuera mucho más normal. Como antes.
-No ha cambiado nada. Seguimos estando todos aquí. Los de siempre. La vida y los amigos son como las relaciones. Cuando empiezas con la relación todo es genial; tienes mucha ilusión; hay muchas ganas de hablar; pero cuando pasa el tiempo, ves como que hay días que la otra persona ya no está como antes. Entonces te rayas y dices: ¿qué pasa? En verdad no pasa nada, solo que se ha perdido un poco la magia. En la vida es así. Cuando eres un niño todo es alegría y color. No te importa nada. Cuando vas creciendo aumentan los problemas, te empiezan a aparecer situaciones difíciles y ahí lo único que te queda es lidiar con ello, aprovechar los buenos momentos y sobrepasar los peores como se pueda. Con los amigos es algo parecido. Al principio todo es maravilloso, conoces a alguien, te cae genial, quedas con él, hablas con él, haces planes con él, os hacéis amigos y cuando empieza a haber confianza las cosas que no importaban y que dejabas pasar antes son las que ahora te molestan, pero aunque sabes que te molesten, esa persona seguirá siendo tu amiga, porque si estas mal, estará ahí para apoyarte, como lo estarás tú, ¿no?
+En todo eso estoy muy de acuerdo. No es que te moleste lo que no te molestaba antes de otras personas, es que al depositar tú más confianza en los demás, esperas también obtener más de ellos. Toda relación debe ser una simbiosis para que siga viva. Yo no me encuentro, y con no me encuentro me refiero a que siento que muchas situaciones se me escapan de las manos: discusiones que duran varios días, e incluso semanas; orgullo que no queremos romper; opiniones que son más destructivas que constructivas y así un sinfín de cosas. Yo sé que tengo un carácter fuerte, pero creo que ha sido el arma que más me ha ayudado en la vida. Yo no voy a acabar como [inserte nombre masculino], pareciendo el loco de todas las situaciones (cuando todos sabemos que no es así y lo más fácil era dar la patada y echar a un lado al foco de los problemas). Cuando me cabreo, intento explicarme, ya sea porque se han hecho las cosas mal o por lo que sea. Soy el primero en pedir perdón cuando sé que he hecho algo mal, pero también soy el primero que va a exigir explicaciones cuando lo vea necesario. Yo sí sé (o al menos sabía) que mis relaciones eran buenas y muy sanas, pero no me esperaba los últimos comportamientos. Y lo digo de verdad. No me esperaba tener esa discusión contigo (...), no esperaba arreglar las cosas a las dos semanas y media. No me esperaba que [inserte nombre masculino] en su día dejase de hablarme porque en exámenes no podía perder unos minutos. Ni una palabra. No me esperaba que fuese a mentirme y que luego no se dignase a escucharme y se centrase en su propia opinión. Lo siento, por mucho que se maquille es así. No me esperaba el egoísmo de [inserte nombre masculino] en algunas situaciones. Y lo que menos me esperaba era tener conversaciones con [inserte nombre femenino] hablando de lo mal que estamos y que [inserte nombre masculino] haya dejado de liármela para avanzar por el camino sano. Es que en dos meses me he derrumbado. No le he cerrado las puertas a nadie, y si no lo he hecho es porque necesito a esas personas en mi vida, pero también sé que muchas de estas cosas no las he superado. Estoy escribiendo Anécdotas 7.0... para liberarme, y lo sé. Es difícil ver como todo está cambiando, mientras tú te estancas, dejas de ir a inglés por las tardes, dejas de ir a veces a clase, se te va la sonrisa en muchas ocasiones, tienes problemas semanales y te va bien en la universidad porque tus padres te hicieron una cabeza de diseño. No sé, pero yo hace tiempo ya que no me encuentro, y creo que muchos habéis notado que no estoy bien. Echo de menos a [él], a ti, en el fondo, a [ella]. Echo de menos que las cosas se trunquen y no disponer de 123912 horas para solucionarlas. Echo de menos todo. Sé que me estoy portando bien, porque eso intento siempre: no decepcionar a nadie. Y por no decepcionar a nadie, me estoy matando a mí mismo.


Estas son las siete metáforas más feas que han salido de mis labios
Estos son los siete testamentos que ningún creyente podría entender
Estos son los siete versos que más vergüenza me daría pronunciar
Estas son las siete notas musicales que quiero que toquen en mi funeral
Estas son las siete tonalidades de negro que llevo los siete días de la semana
Estas son las siete conversaciones que solo podrías tener contigo mismo
Estos son los siete pensamientos que te estoy permitiendo ver desnudos.
Este es el octavo verso y yo sigo sin saber en qué me estoy convirtiendo.


[cumpleaños de Paco] Jose, ¿esto es un grupo? Bueno, da igual. Digo públicamente que, a ver, Jose. Yo no te conocía, pero me encanta tu personalidad y te he cogido cariño muy rápido. A ver cuando quedamos pronto ya. Te quiero mucho.

[BR€XIT 2.0] Estamos locos. Somos obsesivos. Buscamos la felicidad en la estabilidad emocional cuando nosotros mismos no somos estables. Tendemos a dar el brazo en vez de la mano y después nos quejamos de que no nos dejen coger el brazo de los demás y solo nos permitan acariciar las yemas de sus dedos. Bebemos alcohol en copas de cristal porque el plástico es muy poco elegante para nuestros labios. Visitamos los bares más céntricos porque la periferia es para los cobardes. Nos mostramos tal y como somos: débiles con complejo de fuertes, aunque cada vez más fuertes. Las torres más altas no suelen caer. Las derrumban. A nosotros se nos da bien eso. No tenemos nada que ocultar y por eso sorprendemos, porque vamos desnudos. El desnudo del alma es el paso más cercano a la liberación personal. Los prejuicios no nos acompañan. El miedo tampoco. Tenemos los mismos viejos errores. Perdonamos. Dejamos que nos humillen, pero seguimos pensando que les importamos a los demás. No somos buenos, ni genios, pero tampoco nos darían el papel de Voldemort en una película de Harry Potter. Follamos por la retaguardia porque así hemos nacido. Somos sucios. No nos aceptan. Muchos no lo hacen. Y tú. Y yo. Lo sabemos. Están más cerca de lo que creemos. Huir es de cobardes. Tú sí lo haces. Yo no. Lo peor es que entiendo que huyas y también entiendo que no quieras estar aquí. Cuando le disparan al corazón, ya no quedan latidos que puedan reanimarlo. Cuando le disparan a la paciencia, ya no quedan segundos que te permitan descansar en el lecho de flores. Cuando le disparan a la soberbia, obtenemos ira y furia. Cuando le disparan a la esperanza, ya no nos queda nada. A veces las personas lloran para desestresarse. Tú no lo haces. Yo sí. Lo mejor es que no entiendo por qué necesito derramar lágrimas para calmar las decepciones que llevo dentro. No seré tan fuerte como aparento. Málaga nunca había estado tan llena de vida. Desde que llegasteis vosotros, me di cuenta de toda la luz que había guardado en mi interior. Ahora estoy preparado para salir a brillar, aunque sea en un baile de luciérnagas mientras consumo licor de hierbabuena. Espero que nunca te sientas identificado con alguien como yo. Ser un ángel o un demonio es una carga que conlleva mucha controversia, y puede resultar bastante desagradable. Yo no te deseo eso. No me gustaría nunca verme en una situación como la tuya. Arrojar al vacío relaciones en las que has puesto todo tu empeño deja un vacío interno que tarda en sanar. Me alegro de que hayas crecido tan fuerte como el roble, porque te han dejado solo en ese trayecto. Me llena de alegría saber que tienes nuevas personas arropándote, que no estás solo, ni que tampoco te sientes así. Nuestros errores no deben conducirnos al fracaso personal, por mucho que otros lo anhelen. Eres un valiente, y por eso mismo te admiro. Esta es nuestra forma continua de vivir. Nada acaba nunca. Siempre son las mismas canciones, siempre los mismos culpables y siempre los mismos fantasmas son los que se aparecen en los crepúsculos taciturnos. Estamos aprendiendo a crecer, aunque es difícil. Estamos caminando. Estamos dando pasitos. Estamos gateando. Estáticos. Muertos. Cero grados kelvin. 


[redención] Soy el niño al que si le preguntas de quién es, te dice del señor del bar; del radio de aquella bicicleta que nunca he montado; de la gota más amarga del jarabe que te tomabas; de la fregona de aquella limpiadora que nunca tuvo vacaciones; del veneno que escupen los indeseables; del impulso de la patada a la máquina de refrescos del impertinente; de los elementos químicos de los antidepresivos; de la explosión de una bombilla amarilla en las fiestas de un pueblo al sur de Andalucía; del calor de la estufa que cobija a los que no tienen nada, pero que son más felices que nosotros. Soy el niño al que si le preguntas de quién es, te cuenta que los objetos que más odia son los armarios, te enseña tus heridas y te oculta sus cicatrices. Y solo soy el niño de la casa de un pueblo que no es bonito; de la astilla de la tumba de tus parientes más cercanos; de la pólvora que queda de la bala que se mantiene erguida en mi estantería sin haber matado a nadie; del desgaste de la rueda antes del volantazo que despertó a Pablo; de las dos fotos para hacer daño a la novia de su amigo; del carácter infinito que no sabe cerrar un diálogo; de las conversaciones de madrugada que nos echan de menos. El niño que ha aprendido a ser quién es porque lo han hecho ser así y no se conforma con ello. El niño que nunca adoptarían los ricos porque ya había nacido diferente y sin un pan bajo el brazo. El niño que le dio la manzana a Blancanieves y que llamó al príncipe para que la salvase. Soy yo y mis errores. Soy el niño que si le preguntas de quién es te dice del asfalto y la nieve. El que se tumba desnudo en la autopista en enero. El que finge estar dormido, bocabajo, en la autopista en enero. Y no espera ser atropellado. Ni que lo tapen. Yo no quiero redención. Ni que me salven.

ACTO 5 - 31.03.2015

El día 31 de marzo de 2015 estaba divagando por la aplicación del pájaro azul. Eran momentos de cambio y yo lo sabía. Me desagradaba mi carrera, el pensamiento de la gente que había en ella y sobre todo, predije bien que me iba a desagradar él por encima de todas las cosas. A las 04:11 de ese mismo día comencé a leer un hilo de una chica de clase que narraba cómo le contó a sus padres que ella era bisexual, lo mal que lo pasó con algunas críticas y la fuerza que había obtenido para superar la opinión pública y la de sus personas más cercanas. Mi mente, aún encerrada entre las puertas del miedo, comenzó a preguntarse por qué alguien se había molestado en tener que exponer su bisexualidad, cuando esta orientación sexual te daba la opción de llevar una vida políticamente correcta, pero claro, la bisexualidad es vicio en este país, y eso de estar en mitad de la carretera y no en una acera u otra parece demasiado peligroso para el populacho. Vicio. No podemos olvidarlo. Quizás ese paso tan arriesgado de querer mostrarse libre fue lo que despertó en mí la necesidad de sentirme libre yo también. Yo estaba harto de rechazarme a mí mismo porque con eso solo me demostraba que yo no confiaba en mí, que no me respetaba y no podía exigirle respeto a los demás si yo era el primero que me negaba. Siento haberme traicionado en el pasado durante tanto tiempo, pero yo no era tan valiente.

Nunca he contado tan abiertamente ese día en el que perdí la dignidad, y con ella, mi fe en el ser humano. Hoy tampoco va a ser el día. Aún necesito censurarme. Recuerdo a mi yo adolescente siendo revolucionario, luchando por los derechos más libres y más justos que nos beneficiasen a todos, porque escapar del círculo infernal de la incultura debería ser una obligación, y no otra ventaja más para seguir alimentando el consumismo. A mí me partieron la cara, me reventaron el labio y tuve heridas por todos lados. He escuchado conversaciones homófobas mientras visitaba con amigos discotecas homosexuales. He superado comentarios, dolor y miedo. Lo que yo no sé es cómo sigo creyendo en el ser humano y volcándome con él. Ni yo mismo me entiendo. Si preguntásemos en este país si realmente somos homófobos, todos dirían que no, y que no existe ningún problema en este país, que es el lobby homosexual. No pienso extenderme demasiado, pero sí que finalizo esta introducción con estas frases: «Que se imparta justicia, pero que no llegue a mi casa. Yo lo respeto todo, pero si no me toca a mí, mejor». Contradicciones.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre
y queman sus labios en silencio.
Federico García Lorca, «Poeta en Nueva York».


[24-diciembre-2016: discurso del rey de mi casa] Nosotros somos ateos porque en mi casa perdimos la fe por la justicia y la bondad el día que yo nací. En mi casa no somos patrióticos porque una figura de linaje impuro y francés no nos representa, ni este país tampoco representa unión. En mi casa no somos radicales por lo que perdimos en la dictadura y ganamos con la paz. Nosotros no escuchamos los discursos del rey de Nochebuena porque pensamos que cualquier otro día sería válido para contentar al español, y no lo tradicionalmente establecido. Nos encantan las costumbres y las tradiciones. Deberíamos seguir con la Inquisición. En la cena de Nochebuena, como entre tantas otras, siempre se tarareaban los problemas y las quejas con la misma sinfonía, pero no esperábamos que fuese mi padre el que diese el discurso de Nochebuena de este año:


«Es increíble escuchar cómo os quejáis por todo. Que si Podemos, que si el PP, que si el PSOE. No sabéis de absolutamente nada. No es que yo sepa mucho más, pero tampoco voy alardeando de lo que soy sin serlo. Siempre hay quejas con el dinero y a mí no me han regalado ni un euro en esta vida. Mi padre me puso a trabajar con doce años. Con 12 años. Yo era bueno estudiando, y me habría gustado estudiar algo relacionado con la ingeniería o la arquitectura. Puede que nunca lo hubiese acabado y que hubiese desembocado en el mundo de los bares igualmente, pero ni siquiera tuve la opción de intentarlo, que es lo que quiero que mis hijos nunca me reprochen: que no tuvieron la oportunidad. Madurar implica superar los errores y puede que la educación que yo recibí no fuese la mejor, y de hecho, no lo fue, pero por eso no quiero condicionar a mis hijos con viejos cuentos. En esta familia hay mucha envidia. Siempre escucho que si mis hijos tienen tres móviles más caros que los demás o que si el mayor viaja mucho y siempre le doy el dinero que quiere. Me curto a trabajar para que no les falte de nada. Sé que no lo valoran, pero trabajo porque quiero superarme y disfrutar de la vida, aunque sean tres días al año los que pueda sentarme tranquilo en mi casa. Yo es que no termino de perdonarme a mí mismo. Todavía recuerdo cuando estábamos muy mal porque yo no lo acepté. Soy su padre, y como tal, debo guiarlo por el buen camino, pero yo le cerré la puerta con candado y le impedí ser feliz. Un padre no debe buscar la infelicidad de su hijo. Tenía dieciocho años y se encargó de que sus hermanos, sus amigos y la familia que él quería lo aceptase y viesen la vida a su manera. Hay familia a la que él no quiere, pero es que yo tampoco la quiero. Estoy muy orgulloso de él, no por sus notas, sus matrículas ni las marcas de ropa que tiene en el armario. Estoy orgulloso por lo que lleva dentro, por cómo trata a las personas y por todo lo que hace. Vosotros seguid quejándoos por tonterías, que os aseguro que yo no tengo tiempo para eso. Yo disfruto sabiendo que él me ha perdonado».

No puedo escribir nada 
que no cure o no haga herida.
No puedo escribir nada 
que te abandone indiferente.
No puedo escribir nada
muerto que no cause vida
No puedo escribir nada mediocre
porque de poder hacerlo
—que podría—
me limitaría a ser uno más
y artículos que pasen desapercibidos
no salen de mis manos.

[16-septiembre-2016: transparencia]
«Me estoy arrepintiendo mucho de todas estas cosas que te estoy diciendo. Llevamos un año quejándonos de [inserte nombre de persona]. Que si quiere hablar todos los días con nosotros, que si no hace falta que nos veamos tanto, que si la amistad está igual, que si las cosas no han cambiado, que si nos preocupamos en exceso, que ya nos veremos en verano. Las cosas sí que han cambiado y yo no he estado. No he luchado por [...]. No he pensado que en septiembre ya no íbamos a volver a estar juntos. No me he dado cuenta de que antes pasábamos los días, las tardes y las noches juntos. Estuvo ahí cuando yo estaba más solo. Se lo debo todo. Es una lástima que no me haya dado cuenta de que he estado desperdiciando mucho tiempo y no invirtiéndolo en las personas que realmente me importaban. Tú sí lo has hecho. Has ido a [inserte nombre de municipio] cada vez que sentías que las cosas iban mal o solo por vernos. Tú sí le has demostrado que te importa y por eso te lo estás ganando. Rectifico: te lo has ganado. Y sin duda te lo mereces. Eres un amigo maravilloso. Y te pediría que no te alejases nunca del lado de [inserte nombre de persona], pero te voy a pedir que no lo hagas de mí. Me enseñas muchas cosas. Das unos consejos maravillosos. He podido llegar a pensar que tu actitud era arrolladora y he bromeado sobre si robabas a los amigos o no. Pero realmente no nos has robado. Probablemente si no me hubieras dicho que las cosas se están enfriando, seguiría ciego, creyendo que las cosas no cambian y sí que cambian. Solo intentabas ayudarme y he sido un gran egoísta. Yo me encargaré de que las cosas vayan a mejor. Siento haber sido tan egoísta. Mereces todas mis disculpas. Espero que las aceptes. ¿Me das un abrazo?».


[cartas 2016] 
[carta 1: recuerdos]
         Creo que hemos tenido sentimientos encontrados durante este año. Tu necesidad de encontrar alguien real que apueste por ti más allá del fútbol, las risas y las bromas efervescentes que nunca llenan y mi necesidad de sentirme arropado, querido, valorado y aceptado por alguien. Ellos se encontraron. Creo que también hemos tenido demasiadas rachas y es que este carrusel emocional ha acabado fracturando una de las historias más bellas jamás contadas. Puede que tú no lo recuerdes, pero yo sí. Recuerdo ese día de Nochebuena en el que me hablaste por primera vez mientras pasábamos horas y horas evadiendo la realidad. El poder de una sencilla conversación es el que hizo que a día de hoy las cosas sean tan distintas. Siéntete el arquitecto de mi 2016 y de algunos de los pilares que están manteniendo mi alegría viva. Hemos presenciado paisajes utópicos: desde los campos dormidos desde la ventanilla de un coche con una rueda pinchada hasta las aguas dulces de un lago desde un hidropedal. Las playas, las fiestas, las botellas de alcohol y los 'nos echamos la última' han marcado el ritmo de nuestras canciones, y también de nuestras despedidas. A mí me gustaría seguir teniendo recuerdos. No sé a ti. No me gustaría tener más despedidas.

Jose Ruiz.

[carta 2: regrets]
         Te he echado de menos. Mucho. Puede que no me creas y puede que pienses que fui injusto por cabrearme tanto como lo hice en su momento y por investigar e indagar tanto en saber la verdad. Me colapsé como nunca antes lo había hecho y estallé. Intenté no alimentar la bestia que se crea en mi interior cuando pasa esto, pero yo no lo hacía. Lo hiciste tú solo. Fue un gran cúmulo de infortunios que casi nos lleva a la destrucción. Queríamos pasar página y dejar todo atrás, pero ocupábamos siete, y con la ausencia de diálogo y casi tres semanas de función, era imposible avanzar. Creía conocerte como si te hubiese parido cientos de veces, pero te superaste. Tenía la constancia de que tu circuito neuronal fallaba y de que de vez en cuando explotabas, pero no me esperaba que fueses a montar una de las mejores escenas de este año. Necesito que cumplas tus promesas, tanto como te voy a llegar a necesitar a ti. No lo necesito porque yo quiera establecer una serie de patrones y de reglas que nos condicionen, ni que me favorezcan. Creo que necesitas proyectar tu imagen hacia la libertad y hacia el equilibrio. Puede que sientas que ahora todo es maravilloso, que la espuma de la cerveza sabe mejor que los tres tintos que te bebías con nosotros y que escaparte de tu hogar para transportarte a otro llena más el alma que las experiencias que te habían enriquecido antes. Sé libre. No te sientas presionado por los comentarios y consejos que te demos los demás, pero ten cabeza. El mundo gira en muchas direcciones, aunque no lo parezca, y tengo la certeza de que no quieres desligarte de todo aquello que también valoras. No te atrevas a echarnos de menos. A veces las cosas pasan.

Jose Ruiz.

[carta 3: ...]
         Has sido una de las personas que más me ha motivado a seguir escribiendo mis Anécdotas. Has logrado que enfrasque todos mis recuerdos del 2016 en este pequeño blog. Todo lo bueno y todo lo malo está recogido aquí. Has llevado la batuta de mi orquesta y has hecho que vuelva a sentir pasión por escribir. No mucha gente me arranca ese sentimiento. Tú sí lo has logrado. A mí no me gusta el deporte, ni el invierno porque la ropa me hace más gordo, pero tampoco me gusta el verano cuando hay que ir a la playa. Me gustan el chocolate, las charlas de madrugada y ver cómo me supero cada día. Has conseguido que no me estanque y que me estanque en mis propias aguas hasta ahogarme. Supongo que en eso consiste la amistad, en seguir y en detenernos cuando haga falta. Has hecho mágico este año, que en realidad solo ha venido para cambiarme y dejarme un tiempo para madurar. Poco a poco vamos cambiando y nos vamos dando cuenta de que es mejor quedarse con las cosas buenas que nos ofrece la vida. Lo cierto es que habrás notado que he omitido alguna que otra discusión en alguno que otro mes, pero esto no ha sido casualidad. Solo he querido dejar lugar para tu grandeza, tu magia, tu inteligencia, tu compañía y tu ejemplaridad. Como te has dado cuenta, me he querido embarcar en otro de esos proyectos que tanto me gustan. Como siempre, quedan muchos propósitos para 2017 en los que poder mejorar y queda también mucho tiempo en el que vamos a tener más días para nosotros. Espero que volvamos a irnos juntos de viaje, de fiesta y de feria, aunque acabemos muy críticos. Espero que sigamos soñando juntos, aunque estemos en distintas carreras y en distintas vidas. Este 31 de diciembre, cada una de las doce uvas sabe un poco a ti y espero que en 2017 sea igual. Espero que ese 2017 que tanto nombran esté lleno de momentos inolvidables junto a ti. Agradezco que seas esencial, irreemplazable, que me ayudes a construirme a mí mismo. Hoy día 31 de diciembre, tengo que recordarte algo que quizás no diga cada día, pero que sí que siento cada mes, cada semana día, cada hora, cada minuto y cada segundo. Prometo que se me llena la boca de alegría cada vez que pronuncio estas palabras, porque para mí, estás presente siempre y estoy seguro de que jamás me voy a olvidar de ti. Gracias por aguantar a esta cabeza tan dura como la mía. Te quiero mucho, amigo.

Jose Ruiz.

[somos tan valientes] Te conozco desde hace poco. De hecho, desde hace nada. Podría decir que no te conozco, que no tengo confianza contigo y que, realmente, a ninguno de los dos nos importa la vida del otro más allá del bienestar de la alegría. Pero sí que quería recalcar algo. Eres maravilloso, aguantas una presión social que es aplastante y aun así, te mantienes en pie con mucha fuerza. Jamás había visto tanta homofobia como se transmite hacia tu persona. Esa residencia es letal, inyecta lecciones de poca moral y se encarga de realzar la imagen por encima de todo, pero allí sigues tú con tus pijamas, tus disfraces y tu forma de destacar por encima de los demás. Yo no sé cómo eres tan valiente, pero te prometo que yo te admiro. 


[cartas andén 9 y 13/4] 

[carta 1: jugamos al despiste] 
         Buenos días. Jamás pensé que diría buenos días, pero a veces tu constancia me impide seguir durmiendo. A mí no me gusta aprovechar las mañanas si hay historias que contar de noche. Sé que hay pequeñas lechuzas a las que les gusta descansar en mi lecho. Este es el espectáculo de nuestra vida donde podemos sentarnos y debatir desde nuestro propio escenario. No te ofrezco un trago de licor porque ya somos lo suficientemente extraordinarios como para ser ordinarios. Somos dos personas con una prima de riesgo bastante alta, pero podemos llegar a ser complementarios. A día de hoy eres la persona a la que más admiro. No sé cómo lo has conseguido. Veo en tus ojos el arrepentimiento y el dolor que veía en mi madre cuando no quería dejar la puerta del baño cerrada cuando desconfiaba de mí. Veo en tus labios las grietas de los mordiscos del tiempo y en tu presencia, la búsqueda infinita del mismo tiempo que te mata. Trabajas desde la sombra intentando pulir el diamante mientras lo quiebras, y tú mismo lo sabes. Eres el que más reflexiona sobre el giro de los astros y la misma inercia es la que hace que los demás te valoren más que al resto. Tenemos expectativas en ti porque sabemos que puedes ofrecernos más que los demás. No me conformaría viéndote como te superas, si la tendencia alcista es solo una mera ilusión. Se avecina un nuevo año, pero en él no me gustaría ver cómo la distancia nos sigue haciendo daño a los cuatro. Tú mismo lo sabes. Estábamos muy perdidos. La amistad verdadera no es como el buen vino, que solo se saborea en la mejor de las ocasiones, sino que es como una botella normal y corriente, porque está ahí, dispuesta a ser abierta y disfrutada a cualquier hora en cualquier día. Qué bueno es eso de ser una buena botella que está disponible en cualquier momento del día. Te envidio. Estoy muy orgulloso de ti.


Jose Ruiz.


[carta 2: no sé qué esperas de mí] 
         Me has abierto las puertas de tu casa para que instale el huracán de vida que tanto os hace falta. Me has dado la llave de una Caja de Pandora que nadie se ha atrevido a investigar por miedo a quebrantar la estabilidad. Y yo me la he jugado. Sabía desde el primer momento que yo sí era la persona a la que estabas buscando. Y eso que tú no buscabas a nadie. Sabía desde el primer momento que la suerte es para los principiantes y que la probabilidad era para nosotros. Me gustaría hablarte del efecto mariposa, de la teoría del caos. Cómo el batir de dos alas puede crear tifones y el movimiento estático contradictorio de las mismas puede no originarlos. Nuestra cadena de casualidades es preciosa. Yo no sé si alguna vez te has planteado por qué hemos acabado dialogando, liberando el viejo dragón chino que llevamos dentro o simplemente viendo unos premios musicales a las seis de la mañana. Cada día agradezco que esas casualidades nos hayan llevado hasta aquí. Dicen que al nacer, estamos unidos con un hilo rojo a aquellas personas que el destino nos va a cruzar en la vida. Si dicha teoría fuera cierta, por algún casual, el mismo destino ha decidido prolongar la existencia de nuestras presencias. Este 2017 tengo muchas expectativas puestas en ti. Yo no sé qué esperas de mí. Ni siquiera sé si realmente esperas algo. Creo que te gustaría que me cabrease menos, o al menos, que dejase de tener ese carácter tan fuerte que os asusta tanto. En ese caso, no sería yo mismo. Yo no sé qué esperas de mí, pero yo espero mucho de ti. Espero seguir enganchado a una pantalla durante horas, porque eso significa que gracias a Skype, tenemos muchas cosas que contarnos. Espero que me invites a ver la Alhambra, al igual que yo te voy a invitar a cenar el día de Año Nuevo. Espero que sigas depositando tu confianza en mí, porque si hay alguien que no me gustaría para nada perder, es a ti. Te lo digo de verdad. Espero que algún día entiendas que los textos largos y los artículos no son una forma de llamar la atención, sino de expresar el cariño que tanto os hace falta. Espero que te acuerdes de avisar cada vez que te pases por Málaga, si es que te pasas. Espero que se evapore tu vergüenza para decir las cosas a la cara. Veo en ti todo aquello que le desearía a un triunfador. Eres mi pequeño gran triunfador. Me recuerdas al Guernica de Picasso, a Muchacha en una ventana de Salvador Dalí, a la Mona Lisa de Leonardo da Vinci, a 21 de Adele, a Lemonade de Beyoncé. Me recuerdas a las grandes obras. Eso significa que estás esculpiendo en mí a una mejor persona, o simplemente a otro gran desorganizado. Tú eliges el camino que quieres seguir. La gente te aprecia. Algo harás bien. No sé qué esperas de mí. Yo sí que espero mucho de ti. Feliz 2017. A tu lado, maestro. Por supuesto.


Jose Ruiz.

[carta 3: testimonios]
         Sujeto 1: Yo no sé si es consciente, pero este niño ha tenido mucha suerte contigo. Todos los días no se presentan personas que te escuchan y que te abren su corazón. Yo sé que él casualmente no es lo más tolerante con el mundo homosexual del mundo, y aún así, Jose, tú lo sigues queriendo. Espero que no le hayas cogido cariño porque parece débil. Es un poco cabrón cuando quiere. No malgastes el tiempo en él si crees que no te va a aportar nada. Sabes que él no haría nada por ti, pero es que creo que por nadie. Se le ve que es muy dejado. ¿A ti te aporta mucho? No sé. Eres demasiado bueno. Espero que él te valore.

      Sujeto 2: Creo que eres la persona que más lo está cuidando. Os conocéis desde hace relativamente poco, pero él te cuenta a ti cosas que jamás le va a contar a los demás. Ni a mí tampoco. Yo me alegro mucho de que te haya encontrado. Sé que estás para él para esas cosas que yo no sé estar. No solo aportas presencia, sino que haces que libere pequeños trozos de dolor que están ahí guardados. Yo lo quiero mucho y sé que lo que estás haciendo por él no lo hace mucha gente. Yo tampoco me puedo quejar, pero al menos sé que yo molesto más. Me rayas cuando me comentas algunas reacciones sobre cosas que habéis hablado. Contigo el diálogo es muy fluido y consigues limar esas asperezas. En serio, hermano, eres tan grande.

         Sujeto 3: Es muy buen niño, pero me da la sensación que esa es la única opinión que aquí tienen de él. Perdona que te falte el respeto, pero estamos en confianza. Jose, tú eres muy hijo de puta y si una persona fuese aburrida, no te molestarías ni en conocerla. ¿Qué ves en él? Es que sé que te encanta analizar a los demás más allá de las conversaciones profundas que tienes con esas personas. Tú no cuentas nada. Siempre hablas con mucho orgullo del otro. Siempre te ríes de las fantasmadas del pequeño Víctor. Pero de él, nunca te rompes. Y cuando te rompes, lo haces demasiado bien. Es espectacular, pero me suscita mucho interés tu silencio. Nunca hablas de su historia. ¿Es que es más interesante que la tuya?

         Sujeto 4: Me encanta siempre que vienes. Es que eres muy divertido y me hace gracia cuando pones 'buenos días' a las tres de la tarde. Anda que no te pegas buenas fiestas tampoco. Te portas bien y yo sé que no fumas ni nada de eso. Me acuerdo cuando ganaste 3-0 a los Pokémon mientras veíamos a Rihanna en la tele, que ni la estabas viendo. Das tema de conversación y te metes mucho conmigo. ¿Te diviertes mucho metiéndote con los demás? A mí me hace gracia. Tus hermanos tienen mucha suerte de tenerte a ti y el mío también.

[la princesa del espejo] Cada martes y cada jueves se hacen más amenos saboreando la belleza de tu presencia. Me encanta cómo me acoges como si fuera uno más. Estamos formando una gran familia y me encanta ser un gran pilar en ella. Somos tan distintos. Somos tan iguales. La aceptación es la gran llave que nos ha llevado a estar donde estamos ahora: en el cielo. Hemos atravesado mil historias juntos y en cada una de ellas has participado de forma distinta y especial. Hemos dialogado sobre los temas más banales que el mundo puede escuchar y siempre te has mantenido imparcial. No le has cerrado las puertas a personas que amigas tuyas sí han hecho. Has esperado a juzgar por ti misma. Has esperado a ser propiamente tú. Tienes un lugar en mi corazón que es irreemplazable y que nadie te lo va a quitar. 2017 será nuestro año. Yo voy a echar de menos no estar en ese piso cuando llegue tercero. Y es que dos años no han sido suficientes para disfrutar el uno del otro. Dos años no nos han regalado los momentos suficientes como para despedirnos tan pronto. Yo sé que no es una despedida, sino un hasta luego. Pero a veces es triste pensar en ello. A veces muchas. Sé que me he equivocado en tomar en algunas decisiones. Sé que me he distanciado y os he descuidado un poco, pero no lo he hecho con mala intención. Sentía que mi corazón estaba en otro lugar y por eso lo he hecho. Espero seguir soñando junto a ti, junto a tus princesas Disney, junto a nuestras series de comedia romántica japonesas y junto a todos esos proyectos que nos quedan por construir. Tesorillo está a la vuelta de la esquina, y mi pueblo, que tiene las calles como Jimena, también. No os vais a librar de mis charlas, ni del dolor que sale de mi alma cuando estoy dañado. Yo te quiero, y quiero que no olvides que para mí eres una persona espectacular. No tengas miedo a mostrarte como realmente eres, porque eres maravillosa. Ojalá todos los ángeles brillasen como tú lo haces. Un brindis por nosotros, y por todos esos años que nos esperan juntos, pequeña Campanilla.

[camino al Olimpo] Sin duda, el tiempo es caprichoso. Hablo del mismo que nos separó para volver a unirnos. Hablo de ese tiempo que no ha sido suficiente para separar dos de los corazones que más se necesitan a día de hoy. Yo no sé si tú me necesitas, pero yo a ti sí. Te doy las gracias por prevenirme y por tenderme la mano antes de hundirme en un pozo sin fondo. Te doy las gracias por escuchar mis problemas interminables y por molestarte en escuchar mis elegías. Te doy las gracias por estar ahí siempre, sin que yo te lo pida. Estoy orgulloso de mantener contigo un lazo así de fuerte. Sé que ya ha pasado un cierto tiempo, pero insisto en que deben esperar a conocerte de verdad como yo lo estoy haciendo para que no solo vean un recipiente bello. Yo veo más allá de eso. Yo veo a la princesa que muchos no han sabido contemplar. Yo aún no te conozco en plenitud, pero ya me estoy enamorando. No hay nada más bonito y más real que entregarte en amistad por una persona como tú. Nuestras miradas son tan complementarias que me daría miedo que dejasen de contemplarse. Recuerdo una de nuestras conversaciones más recientes. Me mandaste un fragmento que era 'muy yo' y era tan yo que ha sido incluido en el último capítulo de Anécdotas. Me mandaste un fragmento que hizo que mi mente se partiese el mil pedazos y empezase a valorar cada una de mis lágrimas. Cada día que paso a tu lado, descubro que me gustas más y que lo que transmites puede llegar a ser obsesivo. No me canso de incluirte en mis capítulos de este pequeño blog y cada vez tengo más claro que quiero que sea así. A día de hoy nos hace la misma ilusión mirarnos a los ojos y darnos esos abrazos que nos hacen sentir infinitos. Se nos sigue parando el tiempo cuando nos sonreímos de verdad. Seguimos sin saber cómo decir que no, aunque tenemos muchas decisiones que tomar, pero al final nos sentimos muy reconfortados. Haz lo que te diga el corazón sin dejar que se te pierda la cabeza, que tienes unas alas preciosas, así que no le tengas miedo a echarte a volar. Con que una persona entre un millón crea en ti, es suficiente, y no te debe importar que esa persona seas tú misma. Pero nunca olvides, que soy el primero que va a apostar por ti. Desde el primer segundo hasta el último aliento. Me cuesta admitir que después de tanto tiempo no haya aprendido a quererte. Sigo queriéndote de más cuando debería dar un poco menos para intensificar lo que siento en los malos momentos. Probablemente lo bonito sea que no tengamos muchos malos momentos y que vivamos los buenos con ese extra de intensidad. Me da la sensación de que esto es como un juego en el que nadie quiere perderme, pero muchos juegan a que otros pierdan. Tú no has sido egoísta y has intentado no cortar relaciones con personas que han podido llegar a hacer las cosas muy mal contigo. Qué bonito es soñar contigo en los dos mundos. Que te falten dedos de una mano para almacenar los corazones que te unen debe de ser felicidad verdadera. Ser uno de ellos debe de ser felicidad verdadera. Realmente te necesito muy cerca de mí. Eres esa pequeña luna que me eleva muy alto. Tan alto como pocas veces me he sentido. Formamos parte del mismo sueño mientras navegamos en el mismo barco. Enciendes mi chispa y apagas mi locura cuando es realmente necesario. Hemos formado una simbiosis perfecta. Dos almas unidas con una gran fuerza. No tengas miedo a equivocarte. Sin esos errores, hoy no habrías llegado hasta aquí, y yo tampoco estaría aquí. Te aseguro que a tu lado las vistas son alucinantes. Tenemos complejo de rascacielos. Nunca dejes de quererte, Gloria, que mucha de la magia que siento hoy en día, la has creado tú.

[cartas 310932ZDEC16] 
[carta 1: estallido]
         Me has decepcionado. No sabes cuánto. Si hay algo que no me gusta en esta vida es mentirle a las personas que más quiero. No voy a osar a ello. He sentido que mis grandes apuestas fallecían junto con el escritor que llevo dentro. He sentido cómo las golondrinas eran devoradas por tristes águilas. Sabes que no me gustan esas aves. Sabes que me he roto por dentro y que me he ahogado entre los trozos de cristales que me he ido tragando. Sin embargo, siempre sabes superarte. Eliges el peor de tus trajes y el peor de tus discursos, pero acabas pidiendo perdón y haciéndome ver que el negro no es un color que esté en nuestro arcoiris. Y es que apoyándome de la peor manera lo haces mejor que los demás. Tu insistencia ha consumido cada gota de la esencia de mi ser. No sé quién soy, ni en qué me estoy convirtiendo, pero te aseguro que no soy el mismo. Nadie nos entendió. Nadie nos entiende. Nadie nos entenderá. Hay que desvincular los ventrículos de las aurículas para poder hacerlo y hay muchas arterias y venas congeladas para acercarse hacia la luz. Es complicado definirlo. Abrirse interiormente en el río Guadalhorce es la mejor metáfora de la amistad. La nuestra es preciosa. Raptar al silencio por Granada es la mejor metáfora de la desidia sin más. La desidia nunca nos acompaña. Despojar tus miedos en La Mamola fue mi mejor ovación a la alegría. Y es que mis palabras hieren como dagas de un videojuego en el que no soy el creador. Desinfectar alguna que otra herida en la Puerta del Sol se convirtió en rutina de cada domingo cuando anochecía. Haber ayudado a seguir cosiendo cicatrices de larvas infectadas fue un reto que nos persiguió en Zaragoza. Acabamos trazando líneas imaginarias en un mapa que nos llevase a la misma ciudad: Málaga. Qué bonita casualidad la de perdernos entre sus calles. Esas que ya no visito si no es con vosotros. Ahora mismo tengo esa cara que se le queda a un maestro cuando ve entre sus alumnos a un sucesor. La misma que tiene un niño que sabe que ha roto algo. La de un infiel al que le preguntan qué hizo la noche anterior. Tengo cara de escéptico y la cruz de haberlo dado todo por un creyente que desconoce la palabra fe. No me puede gustar más contemplar mi inseguridad en estos momentos. No me puede gustar más saborear la derrota y no me puede gustar más admitir que se han intercambiado los roles. Ya no soy yo el dueño ni el que tiene las cadenas del tiempo. Ahora soy un esclavo. Los esclavos corren lejos cuando tienen miedo. No tengo pensado llegar el primero en esta carrera.


Jose Ruiz.

[carta 2: balas]
         Has crecido, me has ayudado, has madurado, has actuado, has sido valiente y siempre has ganado. Sé que tienes ese mismo poder para crear paz, pero el tuyo es mayor, es más inmenso, es más noble y es más puro. Tienes el poder de seguir sonriendo aunque las cosas vayan mal y que yo te crea. Que yo siga despertándome (cuando me despierto) con ganas de comerme el mundo y de sentirme orgulloso por tenerte a mi lado. Me alegro mucho de haber conseguido que vueles aún más alto. Algún día te alcanzaré, pero si no llegamos, no bajes a buscarme. Hemos y estamos disfrutando mucho el uno del otro. La vida nos debe más tiempo juntos, pero tenemos que saber aprovecharlo. Algún día nos separaremos y tomaremos caminos muy distintos. Los cuatro. Los dos. Nos llamaremos de vez en cuando y bajaremos a vernos cuando podamos, si es que podemos. Es ahora cuando tenemos la oportunidad de vivir el adverbio “siempre”, aunque tú ya sabes que no es tan siempre. Es ahora cuando más quiero disfrutar de ti, por muy difícil que me lo pongas y por muy difícil que hagas a veces las discusiones. La distancia no destruye relaciones si las personas no quieren. Mil kilómetros son muy escasos para romper algo tan bonito. Cambia, porque decirte que no cambies sería como desear que estuvieses estancado de por vida, pero hazlo con cabeza, pequeño aprendiz. Ya no sé si llamarte aprendiz porque has ganado nuestra apuesta a seis tristes días de que venciese la fecha. A fin de cuentas, yo sigo aquí, apostando por ese militar que se supone que me rechaza y que solo piensa en él. Tienes la magia de enganchar y tienes algo que no hace mucha gente: te has preocupado de verdad. Has sabido escuchar y has estado ahí siempre que yo lo he necesitado. Quizás me acabe cansando de lo insistente, pesado y pistos que eres, pero sé que no por ahora. Yo voy a luchar por esto. El 2017 va a estar cargado de incertidumbre porque a nosotros las cosas fáciles no nos gustan. Nos gusta ser tradicionales y presumir de lo modernos que somos. Tengo nuestra foto colgada en mi habitación, y tu bala, y tu otra bala, y tu disco de ANTI (porque no es mío): en el centro. Es difícil, pero no me imagino un 2017 sin compartir nuestras vivencias. Sin que me dejes algún que otro domingo sin dormir porque estás rayado. Sin que me demuestres lo enfermo que estás. Sin que me cuentes con audios de diez minutos las fiestas que has tenido por otras comunidades autónomas. Sin que me digas lo mala persona que soy por decirte las cosas claras y rayarte. Sin que me mandes seis redacciones para corregirlas el día antes de un examen. Sin que me hagas viajar a una estación que no sabe despedirnos. Sin que me hagas recogerte en una estación que no sabe recibirnos. Sin que me digas que a estas alturas no está de más que explique con cierta profundidad las cosas porque no entiendes nada. Sin todo y a la vez sin nada. Puede que me esté volcando contigo demasiado, pero te aseguro que no me arrepiento. ¿Y tú? Me devolviste las ganas de escribir allá por marzo, cuando nos conocimos. Es uno de los artículos más puros y más bonitos que he escrito, y por eso te agradezco que hayas colaborado para que el espíritu de lo que más me gusta siga vivo. Yo no soy como te gustaría que tu amigo perfecto fuera. De hecho, un pequeño homosexual, medio rojo, agresivo verbalmente, ilusionista, filósofo, soñador, psicólogo y extrovertido es lo que te has llevado. Menuda sorpresa. La clave para respirar más tranquilo es respirar donde uno quiere y eso hice, esperar lo necesario para comenzar a ser feliz. Prepara la cartera, que hoy te invito a ginebra de la cara, aunque sea solo a una copa.


Jose Ruiz.

[cartas a Grecia]

[carta 1: beauty]
         Espero que no te olvides nunca de que estoy ahí. Sé que he sido despistado y probablemente no el mejor en algunas acciones. Tú misma te has encargado de hacerme ver que, en parte, habíamos dejado de transitar el mismo camino y por eso nos alejamos, pero sigues teniendo la misma sonrisa y la misma ilusión de siempre. Sigues sin beber alcohol y no has recaído en el tabaco. Eres muy grande. A todos nos llega un momento en el que podemos elegir ser de los que viven o de los que dejan el tiempo pasar. Tú siempre has elegido vivir. Y a mí me has abierto los ojos de par en par. Me has demostrado que la vida son dos días y uno te lo pasas trabajando. Que hay cosas que se tienen que acabar para que otras nuevas puedan empezar. Que más vale disfrutar porque el viaje es solo de ida. Que cometer errores es humano y no hay que castigarse de más. Que hay que olvidarse de los que nos hicieron daño porque, créeme, acabarán poniéndoles en su lugar. Y que, sobre todo, los malos sentimientos tienen que ser cosa de otros. No de nosotros. Que los que te quieren para siempre, siempre estarán. Como tú. Como yo. Condición necesaria y suficiente. Que hay que levantarse con unas pocas ganas de comerse el mundo para evitar que todo se vuelva gris, aunque después nos echemos la siesta. Y si llegas al punto de aburrirte, replantéatelo todo porque seguramente no esté compensando. Los amigos verdaderos son tan difíciles de encontrar como dos gotas de agua idénticas. Es que no se encuentran todos los días. Ni todos los años. La buena amistad son momentos de confianza, momentos demasiado memorables y empujones acertados. Es conocerse hasta el punto de saber sus flaquezas y poder predecir sus movimientos. Es hacer terapia durante una ruptura sin importar las horas día tras día, y si es en una azotea con brisa veraniega mejor. Es luchar juntas contra viento y marea y lo que toque. Es saber que realmente va a estar ahí a pesar de las consecuencias porque te lo ha demostrado no una ni cien veces, sino infinitas. Y sobre todo, es saber que va a haber alguien que te diga “basta” cuando nadie más se atreve. ¿No te sientes identificada?


Jose Ruiz.

[carta 2: future]
         Nos esperan tiempos bonitos en Grecia. Momentos llenos de poesía, de magia y de ti. Y también de mí. Nos espera un 2017 quizás ajetreado porque le estamos viendo por primera vez la intensidad a nuestra carrera y también nos esperan viajes juntos. Nos esperan cenas inesperadas y chinos en Benalmádena inesperados junto con esa pequeña madrileña. Nos esperan despedidas, porque en septiembre te vas y yo me quedo. No se me hace extraño tener que despedirte porque siempre estoy ahí, como un tonto, viendo como te vas y te haces más grande y yo me quedo esperando volver a recibirte. Sigo leyendo el libro que me regalaste porque sí. Grecia nunca tendrá sentido si no la visito contigo y si no la visito sin tu poesía y sin tu verdad. Yo aprovecho para agradecerte que hayas sabido estar en mi época de transición. He estado muy perdido estos meses y he desaparecido por completo. Me he sentido vacío y lleno de problemas. He preferido afrontarlos desde la sombra muchas veces porque quiero ser más fuerte y no quiero tener detrás a un ejército de personas condicionando mis opiniones. Por suerte, existen personas en el mundo con las que sincerarse merece la pena. Personas que no van a obviar tus palabras y que no las van a dejar como si fuesen suspiros en el viento. Me he sentido arropado muchas veces cuando he tenido problemas y, como no, quien estaba ahí eras tú, como siempre has hecho. No siempre me lo he merecido. Quiero pedir disculpas y agradecer todo lo que haces por mí, Grecia. Quiero tenerte a mi lado en 2017. Yo te quiero.

Jose Ruiz.

[24-octubre-2016: carta a un soldado español]

   «Querido militar,

    Creo que ya hace unos cuantos días desde que nos conocemos y me gustaría escribirte para darte las gracias, pero también para pedirte disculpas. 

    Cuando empecé a conocerte, los prejuicios emanaron rápidamente y comencé a preguntarme qué esperaba y qué no esperaba contemplar de ti. A mí me interesaba tu psicología, y de hecho, eres una de las personas que más me sigue sorprendiendo en el campo de la mente. A primera vista creí haberme topado con otro ser vacío que seguía las normas del sistema y que se había alistado al ejército por haberse dejado absorber por las ideas otras personas.

    A día de hoy sé que me gustaría acompañarte en tu trayecto profesional. Quizás ahora mismo estés un poco perdido, o quizás es solo la sensación que yo percibo. Creo que necesitas un cambio de aires y más libertad. Tanto tú como yo. Desde que no nos vemos tanto como en verano, he de admitir que echo mucho de menos tu presencia, y sobre todo, tu actitud: hay muy poca gente que me haya demostrado en algún momento de sus insignificantes vidas que son reales. Tú lo haces con frecuencia. Siempre juego con la dialéctica y la retórica. Me gusta gastarte bromas, proponerte retos y crearte un poco de tensión. Es porque me importas. Es porque espero muchísimo de ti y sé que puedes darlo. Con otra persona me conformaría viéndola crecer y eso significaría que apenas significa algo para mí. Contigo es distinto: me gustaría verte triunfar. Dicen que la soledad es el premio de los triunfadores, pero tú no estás solo. Veo en ti la prueba viva de por qué los más grandes son los más grandes. La dedicación, el compromiso, la constancia, la lealtad. Tienes las cualidades únicas que te harán llegar donde quieres. Las expectativas están muy altas. La confianza es muy alta. Las metas deben estar aún más altas.

    Señor soldado, has conseguido tocar los corazones de algunas personas de manera tan profunda. En estos momentos de nuestras vidas: aún somos jóvenes, pero tengo la certeza de que esto no es una experiencia viajera. Nos hemos unido para quedarnos. Si ya lo hacemos estando a tantos kilómetros de distancia. Podremos seguir haciéndolo siempre. Hice una promesa: soy tu escudero (y qué graciosa es esa historia). Gracias por estar ahí».

Tu fiel escudero.



ACTO 6 - 06:33

Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 fue el momento en el que comencé a llorar cuando mi madre dio a luz. Yo no sé si lloraba, pero dicen que siempre he sido una persona que ha dado guerra. Troya cayó ese día. Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 fue el momento en el que me llevaban con el rostro destrozado y el alma partida por el asfalto bañado en alcohol de la feria. Troya cayó ese día. Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 fue el momento en el que los médicos del hospital les comunicaron a los hijos de mi abuelo que podían pasar a despedirse de él. Troya cayó también ese día. Si tuviese que elegir morir en algún momento, me gustaría morir a las 06:33. A las 06:33 me dispuse a irme a dormir decidido a contarle a mi madre al día siguiente que yo era homosexual. Troya nunca cayó. Y aunque no me creáis, siempre eran las 06:33. Las manecillas del reloj nunca habían sido tan traicioneras y el tempus fugit nunca nos dejaba fugarnos a las 06:33. Si tuviese que elegir morir en algún momento, seguro que no serían las 06:33. Yo no soy ningún cobarde. Y Troya volvió a caer. «La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo». Epicuro de Samos (341 a. C.-270 a. C.).


Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Jorge Manrique«Coplas a la muerte de su padre».


[7 pecados capitales] Tengo las puertas del cielo abiertas.
[lujuria] ¿Dónde están tus principios? ¿No dijiste que nunca te liarías con alguien que tuviese pareja? Encima dos en la misma noche. ¿Dónde están tus principios? Se te ha ido de las manos eso de disfrutar. Que hayas salido del armario no significa que tengas que desatarte de esa forma. Además, si se nota que el chaval ese de tu clase está loco por ti. No sé por qué no te gusta, si es muy guapo y ha dicho que te quiere regalar la entrada del concierto de Rihanna. Lo sigo pensando y me has sorprendido. No me esperaba esto de ti.
[gula] Hace tiempo que no nos vemos y tú antes no tenías ese buche. Vas a tener que recortar el pienso antes de que llegue la matanza por Navidad. Vas a tener que controlarte.
[avaricia] Encima de querer llevarte bien con mis amigos, me los estás quitando. ¿Eres feliz así?
[pereza] Algún día tendrás novio y tendrás que dejar de despertarte a las tres de la tarde. ¿No? No sé. Eso no le gusta a todo el mundo.
[ira] Jose, es que es verdad, tú te pillas siempre unos cabreos que son impresionantes. Si cuando nos conocimos escribiste ya una tontería en el blog, para Anécdotas 7.0... voy preparado.
[envidia] Te gusta ver cómo fracasan los demás y eso es porque les tienes envidia.
[soberbia] No vayas con esa prepotencia por la vida porque tú también caerás y otros estarán ahí para ver cómo caes. Y también disfrutarán.

[25-diciembre-2016: carta de ánimo]
         Que cuando empezamos a llorar más de la cuenta, toca celebrar. Celebrar aquellos que están y aquellos que ya no estarán. La cuestión está en que cada uno de nosotros somos el conjunto de las personas que han estado en nuestra vida. Así que quiere a cada uno de ellos y recuérdales, a tu manera. Recuerda que la gente puede sorprender y mucho y verás que los que crees que se han olvidado de ti aparecen para alegrarte un viernes cualquiera. Comparte con los que importan y deshazte de los que no. No te compliques. Y quédate con los que inspiran, esos que sin despegar los labios nos enseñan las mayores lecciones, porque son los que merecen la pena. Y ahora toca poner un pie delante del otro y mirar al frente. No hay que creer en los finales tristes. Todo es cuestión de perspectiva.

Gloria Benítez.

[síndrome de mis veinte]
También lo llaman la “crisis del primer cuarto de vida”. Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos es más pequeño que hace unos años atrás. Te das cuenta de que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajo, estudios, etc. Cada vez disfrutas más de ese trago que sirve como excusa para conversar un rato. Te empiezas a dar cuenta de que mientras algunos son verdaderos amigos, otros no eran tan especiales después de todo. Entiendes que la amistad después de todo no se basa en el tiempo, sino en la calidad de la personas que tienes a tu lado. Te empiezas a dar cuenta de que algunas personas son egoístas y que, a lo mejor, esos amigos que creías cercanos o que los conservas desde hace mucho tiempo, no son exactamente las mejores personas que has conocido y que hay más gente que te rodea, a quienes le debes poner mayor atención y verás quienes resultan ser amigos de los más importantes para ti. Ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolorEntiendes que el tiempo no sana las heridas, sino que alarga las agonías. Aprendes que las peleas son distintas a las discusiones y que las discusiones surgen en base al cariño y engrandecen las relaciones. Entiendes que los tiempos no existen y que las decisiones hay que tomarlas alguna vez en la vida. Aprendes que alguien más que tú puede tener la razón, y que con los sentimientos ajenos no se juega. Aprendes que la confianza es algo que se siembra, se riega, se cultiva y se cosecha, que hay que ganársela y saber mantenerla; que es para una persona especial, que no es para todos, y que lamentablemente no se regala y cuando se pierde es imposible recuperarla. Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no. De repente tratas de aferrarte al pasado, pero te das cuenta de que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando y de saber conservar bien el presente porque será tu única compañía en el futuro. Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello. A todos nosotros nos gustaría volver a ese pasado algunas veces, pero sabemos que hay gente que ha aparecido en nuestro camino durante estos últimos años que son únicos. Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza…, pero todos dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos. Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro, que las amistades universitarias son las verdaderas y que estamos entrando a la realidad de nuestras vidas. Parece que fue ayer que teníamos 16…, ¿entonces mañana tendremos 30? ¿Así de rápido? Hagamos valer nuestro tiempo. Que no se nos pase. «La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento».

XLII. [transparencia] 
-Yo no sé, Jose, pero creo que mereces a alguien mejor en tu vida. Él no se preocupa por ti. No da nada. Solo te causa problemas y es muy homófobo. Sé que esa palabra no te gusta, pero creo que te está limitando. Tenéis problemas todos los meses y ya no nos cuentas nada, pero te entiendo, porque mi opinión va a ser siempre la misma. Yo no puedo ser imparcial. Malgastas tu tiempo y das demasiadas oportunidades. Yo no me molestaría en intentar cambiar a alguien que no te quiere. No da nada por ti. Las tías le pierden y baja a buscar tías siempre que os veis. ¿Qué clase de amigo es ese? ¿Eso es lo que quieres? Yo creo que tú vales más que eso. Podrías centrarte en los que tienes más cerca, que por supuesto, dan mucho más por ti y no lo valoras. Podrías ir también a Granada a ver más al otro, que al menos, es buena persona y tiene cabeza. ¿Pero apostar por él? No sé, Jose, pero te vas a cansar de dar tanto y de recibir tan poco. Estás alimentando un pozo vacío en el que cavarás tu propia tumba. Hay personas que no están para ti en la vida y tú tampoco deberías estar para ellas. Quiero que despiertes ya de esa ilusión que te estás creando. No te aporta nada. Te lo digo de verdad.

ACTO 7.0...

Aprovecho para despedirme de todos vosotros. Este es el último capítulo de Anécdotas, pero también será la última entrada de este blog. Ya no me apetece escribir más. Ya no me nace hacer lo que más me gusta y en parte es porque nos estábamos acostumbrando a tener que solucionarlo todo a partir de avisos por este blog. Anécdotas había nacido como una idea para sincerarme, para dar pequeños toques de atención o para mostrar el cariño que siento, pero no estaba consiguiendo los resultados esperados. Me da mucha pena, y de hecho, se me saltan las lágrimas al escribir que Studios Ruiz se cierra para siempre. Este blog ha recorrido mi vida durante años y en él estáis reflejadas todas esas personas que sois vitales para mí, o que me han cambiado al completo. Recuerdo cuanto tenía 15 años y escribí sobre lo mal que lo pasé por estar tan gordo, o también cuando escribía poesía. Yo disfrutaba, y de hecho, no me imagino cómo será todo ahora que me despido. Volveré dentro de algún tiempo, pero no en este blog. Volveré de otra forma. Y es que quiero que Anécdotas 7.0... sea el último peldaño de estas escaleras, porque creo que es maravilloso. Creo que no podría cerrar el 2016 de la mejor manera. La mejor forma de enterrar a un escritor es junto a sus palabras. Ambas van a morir hoy. Me despido, lectores, con el corazón encogido y con mucha tristeza por haber tomado esta decisión, pero era necesaria. Esta vez sí es para siempre. Adiós, Studios Ruiz. Gracias por tanto.