domingo, 7 de junio de 2015

Cuerpo, mente y alma...

Nos negamos a seguir los pasos de la sociedad porque queremos ser únicos; marcar nuestra personalidad sobre el resto de mundanos y ofrecer algo más que vana estética y vana cultura. Todos seguimos bastante vacíos. Luchamos por la libertad, pero no terminamos de aceptar a todas las personas que vagan por las mismas calles que nosotros. Luchamos por la libertad, pero no paramos de recortar derechos a todas esas personas que más los necesitan. Luchamos por la libertad, pero no apreciamos igual al canon de belleza que al canon de la imperfección. Recortamos libertades. Luchamos (o no) contra un sistema que nos consume, que nos sumerge en lo más profundo de la superficialidad, que nos arrastra a la estupidez, que destruye valores.



Cuando uno tiene valía y se acepta es cuando empieza a pasear por la verdadera felicidad. No es fácil encajar en este mundo de estereotipos, ni tampoco es fácil hacer ver que el alma es primordial en un mundo horriblemente corporal. Tuve la suerte de dar uno de los pasos que me están haciendo más feliz en mi vida. Tuve la suerte de superar los gritos unánimes de un pueblo que crucifica con la mirada y entierra con el desprecio. Aún así, ha surgido el desprecio y la homofobia de gente que ni siquiera imaginaba. Han fluido palabras, dagas y ha fluido sangre en una batalla en la que el asco era la gran barrera que debían superar. "Una pareja gay besándose en la calle o subiendo fotos a Instagram es una falta de respeto para la sociedad"; "Siempre lo imaginaba, pero no me quería creer que eras así"; "Las personas obesas no tienen oportunidades de verdad de encontrar el amor"; "Esos kilos de más dan mucho asco"; "Si estuvieras más delgado, serías mejor" o "Me da asco cuando se besan, pero lo respeto". ¿Mi respuesta? Soy feliz así. No voy a dejar de serlo por nadie. Agradezco que quede al desnudo su interés y aparquen a un lado su falso altruismo.


Estamos cambiando, estamos dando pasos agigantados, o eso nos dicen, pero es innegable que la sociedad sigue llena de retrógradas y de gente que sigue apostando por la arcaica gaviota azul. Es innegable que hay mucho caminante disfrazado de liberal para no mostrar sus puros pensamientos. Es innegable que necesitamos un lavado de mente colectivo. Es innegable que sigue existiendo ese miedo por lo distinto. Es innegable que estamos cambiando, pero no podemos parar. Y seguirán prohibiéndonos la libertad de expresión en algunos ámbitos, pero gritaremos más alto y alzaremos nuestras banderas al oscuro cielo paradisíaco. Mis únicas lágrimas respecto al cuerpo, la mente y el alma serán de felicidad. Nos levantaremos aunque suenen los cañones y nos hagan bucear en el silencio. Yo no callaré.

Seamos nihilistas por una vez. Olvidemos a ese camello que arrastra un sinsentido. Olvidemos a ese león cargado de negatividad y de miedos. Creemos valores y "respetemos". Respetemos. Respetemos. Respetemos. Respetemos. Respetemos.