viernes, 1 de agosto de 2014

Palabras vacías...

Lo gracioso de herir a los demás es que se tiende a herir a la gente.
Lo gracioso de las mentiras es que son simplemente mentiras.
Lo gracioso de las promesas es que muy pocas viven más de suspiro.
Lo gracioso de la felicidad es que nadie nos da pistas para poder alcanzarla.
Lo gracioso de la amistad es que muchas veces prevalece el interés.
Lo gracioso de la autoestima es que los demás intenten construirnos.
Lo gracioso de los corazones es que tienden a romperse fácilmente.
Lo gracioso de dar tiempo para curarse es que ya estoy bien.
Lo gracioso de escuchar es que no quiero escucharte.
Lo gracioso de hablar es que tus palabras ya cansan.
Lo gracioso de ver es no deber hablar.
Lo gracioso de sentir es que somos ciegos.

Tu voz se me clavaba como un cuchillo. Solías hacerme sentir mal con cada nota de voz que salía de tu garganta. Intentaste destrozar mi orgullo y vender tu alma al diablo para desplazar la poca esencia que quedaba de mí, pero no lo conseguirás esta vez. A partir de ahora puedes ir con la cabeza muy alta y, adelante, di las cosas que tengas que decir. Sabes que solo me estás diciendo palabras vacías. Palabras vacías en mi camino.

Me he dado cuenta de que esta vida puede ser muy cruel, pero la única afirmación que necesito es la mía. La parte más dura de esta historia no puede verse ni escucharse. La parte más dura no se encuentra ni en la primera ni en las últimas páginas del viejo diario. Mi viaje verdaderamente comenzará cuando empiece a quererme a mí mismo.

domingo, 1 de junio de 2014

Discurso Graduación 2º de Bachillerato...

Me gustaría empezar dando mi más sincera enhorabuena a los alumnos de Segundo de Bachillerato y dando las gracias a todos los asistentes por venir. Tras seis duros años de instituto llegamos ya a la recta final y llegó la hora de cerrar esta etapa de nuestras vidas para comenzar otra que nos espera con los brazos abiertos. Para casi todos los que estamos hoy aquí nos resulta especialmente difícil tener que decir adiós al IES Ben Al Jatib. La pregunta es sencilla: ¿Seremos capaces de imaginarnos fuera del lugar donde tantas penas y alegrías hemos recibido? Nos tenemos que despedir de lo que ha sido nuestro instituto durante tan largo tiempo y que ahora, sin embargo, parece tan solo un recuerdo cargado de añoranza. Fueron pasando los años y estas aulas nos vieron crecer y nos han visto formar poco a poco la gran familia que somos a día de hoy. Porque fue en este instituto donde iniciamos un nuevo camino casi “como adultos”; pasarán los días, seguiremos creciendo y nos seguiremos acordando de todos esos momentos que han inundado nuestros corazones de felicidad. Vamos a echar de menos muchísimas cosas, ya no habrá que preocuparse por despertarse un lunes para asistir al instituto, los pasillos se quedarán fríos y la calma se instalará en nuestras clases y aunque lo hayamos pasado mal por los exámenes o por la presión que conlleva ser estudiante de Segundo de Bachillerato, al final lo que se nos quedará grabado será aquello que nos ha sacado una sonrisa en algún momento. Es importante que en la nueva etapa que vamos a comenzar recordéis estas palabras y que, cuando las cosas no nos salgan como esperábamos, tengamos presente que lo que cuenta son los medios que hemos puesto para lograr nuestros objetivos, que no se diga nunca que no hemos puesto de nuestra parte o que no lo hemos intentado.

Hoy somos nosotros los que estamos en el escenario, pero aquí no somos los únicos protagonistas, tenemos que dar las gracias a todas las personas que han hecho que siempre nos acordemos de estos años como posiblemente los mejores de nuestra vida. Gracias a todos: nuestros padres, profesores, amigos, y a todo el personal del colegio por enseñarnos que las cosas con una sonrisa se hacen mejor y que con esfuerzo y trabajo seremos capaces de conseguir lo que nos propongamos. Por una parte, nuestros padres han tenido mucho que ver en este proceso, nos han ayudado y han sufrido. Hay que reconocer que es un curso lleno de tensiones, y sin su apoyo nos habría costado mucho más. Nos dirigimos hacia un nuevo mundo sabiendo lo que es la exigencia y el trabajo duro, sabiendo trabajar en equipo y dando lo mejor de nosotros en cada cosa que hacemos. Gracias, de verdad, por todo lo que habéis hecho día a día por nosotros, por habernos aguantado y por habernos ayudado a ser las personas que somos hoy. 

Por otro lado los están los profesores con su profesionalidad, cariño y grandes dosis de paciencia que nos han ayudado a superar las dificultades de parte del camino que está a punto de terminar aquí, en el que siempre será nuestro instituto. Me pregunto cómo vamos a olvidar esos monólogos de Rafa León, sus “silensio” y su insistencia en que no sabemos qué es la masonería por culpa de Paula; los exámenes de Alfonso siempre en el último día del trimestre, las clases de Elena de Federico pidiéndonos que razonáramos, la energía mañanera de Joaquín mientras nosotros todavía seguíamos dormidos y las risas interminables y la simpatía de Dunia en sus clases, a Rafael Callejo, que siempre está dispuesto a ayudarnos con cualquier problema aunque esté harto de nosotros, los chistes malos de Rafa Leiva, a Joaquina que es una magnífica profesora que se preocupa siempre por nosotros, a la encantadora de Ana, que ha hecho que nos encante la filosofía, también echaremos de menos los remates de voleibol de Miguel Ángel y los de bádminton de Augusto, los buenos ratos en clase de biología con Charo, esos experimentos con Manolo que nunca llegaron a realizarse, los “a ver” de Lola Cobos, esos abrazos que nos da siempre Pili, la alegría que esconde Alberto Garzón, la exigencia de Fortuny con el sotoboche, nuestro gran padre Javier Validivia, nuestra gran paciencia con Fernando de la Rosa, la gran dedicación de Jesús Aguilera con el viaje a París, la rigurosidad de Arturo Gálvez, el cariño y la confianza que nos transmitía Eduardo y las risas en clase y las películas a medio acabar de Maribel. 

Por último, agradecer a la directiva, a jefatura de estudios, secretaría, orientación, servicio de limpieza y sin olvidarnos del mejor conserje, Agustín, en definitiva, nuestra segunda familia, la que nos ha acompañado durante estos últimos años. Os deseamos a todos muchísima suerte, y esperamos que superéis todos vuestros retos y lleguéis a cumplir todos vuestros sueños. Esto no es un triste adiós, sino un hasta luego, ¡nos vemos en Selectividad!

martes, 25 de febrero de 2014

Lágrimas de papel...

Un hecho inequívoco es que todos en algún momento de nuestra vida hemos tendido a la idealización. Dotar a personas, hechos y aspectos de un atributo más extraordinario, que realmente no tienen. Al hablar de idealización no es extraño que lo primero que remita a nuestro campo de pensamientos sean las relaciones de pareja. Sí, esas relaciones que empiezan asemejándose a un estrechamiento ficticio entre Adonis y Afrodita. Se otorga una caracterización vasta de innumerables rasgos que en el trasfondo son exponenciales exageraciones que no conducen hacia ningún sitio. <<No existe ningún Adonis, ni tampoco existe ninguna Afrodita>>. Dejemos de engañarnos, idealizar a las personas es un grandioso síntoma de una autoestima baja, de una necesidad de ponerle otras lentes a la vida, de tener mayor nitidez de la que ya se tiene. ¿Para qué necesitamos ver mejor lo que ya se aprecia bien? Habiendo sido víctima alguna vez de la idealización hacia otras personas también soy consciente de lo difícil que es querer ver las cosas de la manera que verdaderamente son y puedo llegar a afirmar somos demagogos con nosotros mismos creyendo que esa lente de perfección es la que perciben los ojos de todo el mundo.

Las raíces putrefactas de estos problemas se manifiestan cuando esa idealización real cobra vida como lo que es: un ser imperfecto. Ese dios todopoderoso ligado a una perfección divina, por cuestión de una metamorfosis instantánea se convierte en un ser común. Un ser que es tan común como lo era antes. Tras los continuos fogonazos de luz las lentes empiezan a deteriorarse y pueden ocasionarse dos posibles vías de escape: la primera es que deje de agradar tanto la fuerte apuesta que hicimos hace un tiempo y convivamos con ella "por costumbre" y la segunda es que dé a luz un sentimiento de odio y rechazo inminente, fruto del engaño. En toda idealización, antes o después, florecen los primeros "me ha fallado", aparecen las decepciones, los atracones de chocolate, la evasión mediante la pena y el susurro hacia lo prohibido. La venda de la ilusión por muy fuerte que se ate algún día acabará cayéndose.


En cuanto a la autoestima, todos tenemos una imagen sobre nosotros mismos, sea mejor o peor esta. Si osamos a hacer depender nuestra imagen de las críticas de los demás acabaremos construyendo nuestra propia autodestrucción. No debemos permitir colocar a otras personas en un escalón de superioridad más alto, porque de este modo estaremos cediendo nuestra felicidad y nuestro yo a sus palabras. Cuando las críticas que nos ofrecen son positivas nos contentamos de forma que tomamos por verdad absoluta lo que dicen de nosotros, de tal forma que creamos una drogadicción psicológica que nos hace pensar que nuestros atributos dependen del emisor que los promulga. Si se da la marcha de estos emisores es como si irrevocablemente nuestras buenas cualidades se fuesen con ellos, cuando esto efectivamente no es así. Cuando las críticas son negativas muchas personas tienden a cambiar para contentar a su alrededor. Siempre, al final, acaban llegando las decepciones y terminamos llorando imperios de lágrimas de papel. Lágrimas verdaderas pero tan falsas como su origen.

El primer paso para superar la ardua y enfermiza idealización es la autovaloración. Cuando nos juzguemos a nosotros mismos de la misma forma que lo hacemos con los demás veremos que nosotros también tenemos cualidades muy idóneas y muy destacables y que nadie es tan perfecto como parece.

lunes, 3 de febrero de 2014

Robotz...

Esta mañana me dispuse a llamar al número de servicio de atención al ciente de mi operadora y antes de que pudiese pronunciar una palabra una dulce voz femenina me estaba atendiendo, era consciente de que esa voz no era procedente de una persona que estuviese trabajando para dicha compañía, sino de un bot programado para ser un mero intermediario de mi duda y con la mayor velocidad posible poder dirigirme hacia el profesional adecuado. Cada vez estamos más y más ligados a la robótica y a depender de su frecuente uso: Siri o Sherpa en los terminales móviles son capaces de realizar tareas por nosotros mediante patrones de voz; algunas recepcionistas de hoteles japoneses también son androides de una estética cuidada hasta el más mínimo detalle que pueden resolver cualquier percance o guiarnos hacia la zona de la estructura que deseemos; miles de máquinas agilizan las cadenas de producción en las fábricas y realizan cortes y trabajos tan exactos y precisos que serían imposibles de realizar con manos humanas en el mismo tiempo y la agricultura también ha sido otro sector que se ha beneficiado de manera abismal. La tecnología avanza a pasos de Goliat y sin duda cada vez estamos más inmersos en la enorme evolución tecnológica.

La gran mayoría de operaciones que se realizan en la bolsa son gestionadas por bots autómatas que trabajan mediante algoritmos. Estos bots están diseñados para ser extremadamente veloces y así controlar la compraventa de acciones, estas a su vez se ejecutan desde un superordenador (algunos de ellos son capaces de realizar más de 150 billones de operaciones por segundo) y a veces un fallo hace perder enormes cantidades de dinero en muy pocos minutos. Se han desplazado cuantiosos puestos de trabajos debido a la aparición de robots que hacen que la labor sea más fácil o precisa y otros artilugios controlan el correcto funcionamiento de dicha maquinaria. Hay trabajos y servicios que van desapareciendo a la vez que surgen otros nuevos, es decir, no hay que alarmarse de forma dramática a causa de la automatización y robotización de la industria, aunque las clases medias son las que suelen verse más perjudicadas respecto a esto. 

Todavía quedan enormes desafíos por superar, es decir, un acto tan sencillo como enroscar una botella o subir unas escaleras son dos grandes retos para la robótica, o sea, un robot es capaz de hacer girar un mecanismo hasta que su cierre sea perfecto pero no puede colocar el tapón en una botella e ir buscando la posición adecuada para que este encaje y hacerlo girar hasta que el recipiente esté cerrado. Subir y esencialmente bajar escaleras es una gran dificultad para la robótica porque los robots de tipo humanoide carecen de sentido del equilibrio y es bastante difícil controlar el centro de gravedad mediante la programación, por lo que los modelos actuales que consiguen subir escaleras lo hacen de una forma bastante rudimentaria y con una velocidad bastante limitada. También podemos hacer que un sistema móvil nos nombre mediante un apodo o nick que hemos preseleccionado anteriormente, pero no podemos lograr que este sistema nos ponga un mote lógico mediante toda la información que posee acerca de nosotros.



El avance tecnológico e industrial es innegable, sin embargo, su desarrollo sería más eficaz si contase con un apoyo más férreo para impulsar esta industria, sin duda hablo del servicio militar. Sería una falacia decir que si el servicio militar se preocupase por la tecnología no se avanzaría nada, ya que internet y muchos experimentos médicos, terapéuticos y de armamento han sido llevados a cabo gracias a que este sector se ha volcado con ellos y ha invertido grandes patrimonios (probablemente en el 80% de los casos, la forma en la que se llevaba a cabo estas investigaciones no era ética, legal ni ofrecía los medios adecuados pero a pesar de tanta injusticia lograron sus objetivos). 

La línea entre lo más extremo y el mayor reto que podemos imaginar es que estos robots, sean androides o no, adquieran consciencia de lo que están haciendo, es decir, que sean capaces de manifestar sentimientos de ira, furia, venganza, alegría, satisfacción, etc. Toda esta ficción parece que viene de las películas: amenazas de robots o guerras entre sus creadores contra el despertar de una rebelión robótica. Estos serían los extremos más comunes que solemos imaginar pero también podemos llegar a pensar que un aparato que siente que no recibe unos cuidados básicos decida electrocutar a una persona, darse a la fuga o autodestruirse. A mi parecer el reto más arduo que se presentaría en este sector sería el de conseguir contraponer dos o más sentimientos en un robot a la hora de optar por una decisión.

El miedo correría por cada poro de mi piel si de algún modo los robots llegaran a tener consciencia de lo que hacen. A día de hoy solamente actúan para facilitar nuestro ciclo vital y hacer que todo sea más práctico y ameno. No significa que debamos tener miedo de dirigirnos hacia el progreso pero, ¿os imagináis cómo sería vivir en una sociedad estrictamente robotizada?

lunes, 20 de enero de 2014

Un falso hasta luego...

El mundo se ha llenado de un duro fanatismo, de una necesidad de unirse a un grupo que nos otorgue popularidad, que refleje determinados aspectos personales o que nos fuerce a padecerlos para corroborar la identidad de esta falsa homogeneidad. Se nos obliga a ver el mundo desde la posición del código de barras, es decir, de etiquetar a todo lo que pasee delante de nuestras pupilas. "Esta persona es muy rara", este es el primer principio de exclusión impuesto por los más astutos de la manada para descalificar a un ser humano de ideología distinta a la grupal, o para atacar a otros usando la risa y la ironía y así, alivianar pausadamente el proceso de marginación del individuo. Cada vez encontramos a los grupos más asediados y restringidos, aunque con la diferencia de que es prácticamente imposible acceder y conocer a algunos de ellos.

A día de hoy la gente solo busca mostrar el blanco (o el amarillo) de sus dientes para establecer contacto y lograr adquirir lo que necesitan de ti si ven que eres presa fácil. La falsedad y la mentira son los dos grandes pilares que se camuflan debajo del interés de la sociedad con el objetivo de conseguir alcanzar sus propósitos. Se muestran como esclavos activos de la duda y buscan gozosamente la respuesta en su Dexter más cercano ofreciendo elogios y falaces términos con tal de ir rebasando el gran cinismo que subsiste en sus palabras.

Es imposible no sentirse derrotado viendo como la confianza que apreciabas en algunas personas de tu alrededor se desmorona cual castillo de naipes mientras estos sangran alegría por cada costado en su caída o ver como la luz de veracidad que se exponía en voces apagadas se va haciendo cada vez más tenue con el transcurso del tiempo. Año tras año hemos ido descubriendo que las almas que nos acompañan vienen y van, es necesario distinguir como evoluciona todo, miles de "promesas", miles de "eres muy especial", miles de "nos veremos más", miles de "nos veremos en verano", miles de "al final no pudimos vernos", miles de "aciagas noches"... En el fondo subyace la realidad que nunca nadie se paró a observar.

La meta no es rendirse ante las adversidades y ver como estos nuevos corazones nos dicen un hasta luego. Somos conscientes, y constantemente infravaloramos todas las características óptimas que nos definen, nos aferramos a un deseo incandescente de querer ver las cosas de un modo atípico. Todo está en constante devenir, todo está regido por múltiples cambios venideros que implícitamente nos arrastran consigo. Lo importante no es que te definan tus cambios de humor, tu aparente valentía o tu hipocresía, sino tus grandes cualidades que puede que nadie conozca y por supuesto, tenemos que ser los autores de nuestras vidas. Si otros escriben nuestra biografía se acabará perdiendo la esencia de nuestro ser.

Puede que nadie acabe salvándose de este medidor pero en el baremo se pueden observar claramente extremos en los que la gente tiende a actuar más acorde a sus valores y otros a los que la vida les está dando una paliza por estar cayendo más de una vez en el mismo pozo.

jueves, 16 de enero de 2014

Esclavo de Libertas...

Venimos al mundo de la mano de una política de elección cero, no se nos otorga un editor de personas a modo de que podamos personalizar nuestro avatar con atributos perfectos ni con las cualidades más idóneas para desenvolvernos en la vida. Seamos realistas, la vida no se parece ni una pizca a un videojuego de Los Sims donde cualquier aspecto puede ser modificado fácilmente y donde los altibajos emocionales son muy controlables. Venimos predeterminados genéticamente en muchos aspectos, lo cual no significa que no tengamos la capacidad de elegir ni de cambiar ciertas cosas, aquí es donde comienza nuestra política de elección, estamos condenados a ser libres. 

La libertad es un concepto del que tienen un significado erróneo la gran mayoría de humanos. Somos peones de un tablero de ajedrez que a la fuerza tenemos que ir avanzando por un camino de baldosas asesinas, unas veces blancas y otras negras, hasta toparnos con otro individuo con el que tengamos que competir porque estamos inmersos en un sistema que nos conduce a la vanidad total. Algunos con más suerte que nosotros tendrán el privilegio de ser la reina o una torre del tablero y así poder moverse con más facilidad, aunque nadie logra desligarse sus cadenas de Libertas, simplemente las amplían. No existe ningún tipo de llave que nos desligue de ellas porque tampoco existe ningún cerrojo en el que poder insertarla. 


Nuestras decisiones están muy condicionadas, es evidente, estamos bombardeados de marketing barato hasta las cejas que nos impulsa al consumismo. Todas las masivas influencias que recibimos desencadenan una cascada de emociones negativas: "tengo que ser guapa, estar delgada, ser musculoso, comprar los perfumes más caros, escuchar este tipo de música, llevar siempre ropa de marca, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar, gastar...", cuando en realidad parece que no somos conscientes de que los mejores momentos son los que se contemplan desde el balcón de la caja de nuestros sentimientos. Todo el mundo teme ser marginado y se aferra a la popularidad con la intención de no acabar excluido del mundo detrás de un biombo como Juan Ramón Jiménez. 

Las posturas más comunes llegan de personas encerradas en castillos de porcelana que osan a decir que son extremadamente libres y hacen lo que les place (confundiendo las cadenas de Libertas con las del libertinaje). Ser libre implica elegir y decidir sin recibir ninguna influencia ajena, implica arriesgar y apostar, implica llevar las riendas de nuestros dos caballos, llegar a volar sin tener alas y poder llegar a lo más alto y sobre todo, significa no arrebatar la libertad del otro. Parece como si nos hubiesen inyectado óxido nitroso en vena para que todo avance a la velocidad del trueno y que solo los más espabilados se den cuenta del verdadero olor que tiene el perfume de Libertas.

Estoy condenado a ser libre porque no hay más límites que mi libertad misma. Siendo imposible no depender de nada ni ser coaccionado en ninguna decisión, invitémonos a ser más "independientes" en este camino.