domingo, 22 de diciembre de 2013

#Party #Drugs #Friends...

Cada fin de semana o evento festivo transforma a una inmensa porción del futuro de nuestro país en modelos de pasarela que se embriagan en la falsedad de la calle y modifican su actitud para involucrarse en el manto de estrellas danzantes que trafulca la paz nocturna. Todo empieza con excesivos retoques de perfiladores de ojos, intensas sombras, fijadores de pelo, vestidos extravagantes que únicamente necesitan adquirir una hilada de luces para parecer árboles de Navidad, y otros dignos de salir en una procesión de Semana Santa; tacones con complejo de rascacielos dubaitíes, un amplio abanico de marcas estampadas en todo lo que se porta, camisas con tasas del trabajo de tres días, estratos perfumados con el aroma de Calvin Klein, Christian Dior o Paco Rabanne, entre tantos otros; y no hay que olvidarse de esa ropa interior que ayuda a resaltar lo que no se tiene con intención de conducir a la lujuria.

Tras la detonación de salida marcada por el repentino bisbiseo de la noche comienzan los asaltos a los establecimientos de clanes asiáticos (esos a los que tanto se critica) para obtener lo antes posible el licor de la felicidad(?). Le sucede la búsqueda de un espacio aislado de los sargentos Pitufos para que se inaugure el canto de los pops de las botellas acompañado por ilusas risas a cappella. Los dientes tiritan ansiosos mientras los labios se remojan en ese sabor placentero y la indumentaria se empieza a deshilar por los efectos de la noche. Las masas folclóricas se desplazan formando afluentes de viandantes hasta las cavernas musicales donde alzan hasta el cielo su voz y algunos hasta su ropa. Parecen apagarse las preocupaciones y la multitud busca la herramienta que le ayude a incrementar su temporal dicha en forma de líquidos, píldoras o fumaradas procedentes de la madre naturaleza. La manada se rige por la ley del más pícaro unida a la psicosis popular de querer ser una 90-60-90 o de poseer unos abdominales de infarto.

Estas son las bases que acogen muchos individuos de la sociedad en su interior, pero cuando la tormenta de los dilemas gime toda esta irrealidad cobra vida. Grupos de "amigos" formados por centenares de personas abandonan a su suerte a un sujeto que ha sobrepasado los efectos del placer o menosprecian a otros por no haber seguido las normas del juego. Los mundanos creen tener millones de amigos que se dejarían atravesar por una estaca con tal de salvarlos de los rugidos de los problemas, cuando la cifra de los dedos de una mano en muchos casos es más que suficiente para cesar de contar. Quedan como suspiros en el olvido o pierden parte de su valor esas tardes mágicas disfrutando de un juego de mesa, los crepúsculos bajo las sábanas de arena frente al gran azul o ir de la mano patinando hacia la penumbra. La marea se ha llevado parte de su alegría, aunque muchos creen seguir anclados a estas formas de diversión teniendo una copa con cubitos de hielo o un "may" consigo. No es menos la gran saturación existente en las consultas de los nutricionistas, no para llegar a ser más sanos sino para fusionarse aún más con este triste engaño.

¿Se está perdiendo el concepto de diversión y de amistad? ¿Por qué las fiestas van cada vez más cogidas de la mano de las sustancias de la felicidad? ¿Será que nunca hemos conocido nada de esto? ¿Será que se está sustituyendo tangencialmente lo verdadero por lo aparente?

domingo, 15 de diciembre de 2013

Construyendo nuestras raíces...

Hay millones de centenares de árboles en el mundo, unos que presumen de haber nacido en los Jardines Colgantes de Babilonia o en la boca del apoteósico Amazonas y otros que siguen batallando por su supervivencia en zonas más áridas. Desde que éramos semillas nos han intentado cortar las ramas que convergerían en las entrañas de lo prohibido y han derrochado exponencialmente su aliento en hacer todo lo posible para evitar la curvatura de nuestro particular ejemplar. 

Nunca se nos otorgaron las llaves que nos conducirían a las puertas de ser un abeto, una palmera o simplemente un olivo, pero siendo más verdes que maduros llegará el momento en el que debamos empezar a encargarnos de la compleja y espinosa tarea de velar por nuestro propio árbol. Cuando somos conscientes de esto descubrimos que hay más periodos otoñales que espléndidas primaveras y que debemos ser astutos para no colisionar frecuentemente con los álgidos inviernos ni calcinarnos en los sofocantes veranos. Debemos aprender de las tormentas, de las nevadas y de los periodos de estío, hay que impregnarse de todo lo negativo porque con ello también producimos el oxígeno que nos mantiene con vida, necesitamos realizar un balance yin-yang para poder responder a los destartalados precipicios que se relamen ansiosos esperando a que seamos arrojados y hay que recordar que sin CO2 no podríamos sobrevivir. 

Una hoja tras otra se va desprendiendo desde lo más alto de la copa, muy pocas, en cambio, permanecen intactas hasta la llegada del último vendaval, pero en cada hoja caída el viento se lleva un extracto de nuestro ser. No olvidemos que requerimos de múltiples y numerosos suministros para continuar sobreviviendo y que no hay ninfas ni laurel, sacro ni profano, ni secuoya ni bonsái que tengan un desenlace distinto al nuestro por muchas fuentes de la juventud de las hayan osado beber.

Es frecuente ver como nos evadimos de pensar la ardua tarea que es mantener en pie nuestro árbol y el proceso oblicuo que tenemos que hacer para no acabar posando nuestros labios contra el suelo. Es necesario cortar ramas, es necesario dejar caer hojas antes de tiempo y es necesario ser los pintores que tracen los anillos troncales que explican nuestras vidas. Antes de derramar sangre buscando la perfección de nuestro árbol no podemos dejar que la invasora pereza acabe convirtiendo el espléndido árbol que podemos llegar a ser en cenizas fundidas por el calor del invierno.

martes, 10 de diciembre de 2013

Machispaña...

España estaba sumergida en un océano por el que los hombres surcaban sus travesías y las mujeres adornaban su trayecto como sirenas, eran utensilios, aparentemente débiles, privadas de libertad en muchos ámbitos y condicionadas en los gustos y decisiones que tomaban en sus vidas. En pleno siglo XXI quiere sonar utópico el hecho de que sigan existiendo conductas varoniles dominantes en nuestro país, pero lo cierto es que todavía quedan muchos lagos y lagunas por secar. Sigue arraigada en la sociedad la idea de que la mujer debe complacer al hombre, apenas veinte de cada cien jóvenes asocia el concepto de maltrato de género con machismo y podemos observar claramente que las relaciones de pareja están totalmente controladas (favorecido esto con vías como WhatsApp o las redes sociales). Todo esto siempre se nos muestra oscurecido y maquillado para poner en segundo plano las impurezas de un país que todavía padece.

Podemos buscar referencias a esto en cualquier lugar, así que nos trasladamos al grandilocuente diccionario de la Real Academia Española para extraer pinceladas sexistas y machistas (acepciones copiadas literalmente) que nos ofrece el mismo: 
-Gozar: Conocer carnalmente a una mujer.
-Babosear: Obsequiar a una mujer con exceso.
-Hazana: Faena casera habitual y "propia de la mujer".
-Femenino: "Débil, endeble".
-Masculino: varonil, enérgico.
-Madre de familia: mujer "casada o viuda", cabeza de su casa.
-Padre de familia: "jefe" de una familia, aunque no tenga hijos.
-HuérfanoDicho de una persona de menor edad: A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, "especialmente el padre".
*No están registrados en el diccionario términos como soldadora o herrera.

Leer estos términos debería hacer sangrar nuestros ojos a día de hoy. No podemos culpar del persistente (pero enormemente más reducido) machismo y sexismo en España a un puñado de letras tiradas en un montón de hojas, pero evidentemente reflejan las sombras que siguen escondiéndose en nuestro subconsciente debido a que muchos ciudadanos todavía relacionan de este modo los señalados conceptos. Estas sombras siguen brillando pero cada vez están más apagadas. No debemos despreciar el gran avance que hemos conseguido en nuestra sociedad pero todavía queda un rocoso camino que recorrer para que dejemos de infravalorar de una vez al género que nos da la vida.

sábado, 7 de diciembre de 2013

¡Para gustos ni los colores...!

Las calles ya empiezan a tomar su aroma navideño, los destellos luminosos se presentan en una amplia gama de colores mientras se esconden hasta en los más abandonados recovecos de las ciudades, las tardes atraviesan nuestra piel fríamente y nos invitan a coger la manta y ver una película, sustituimos lo gélido por el café caliente y por supuesto, mandamos toda nuestra colección de otoño a las profundidades del armario. La moda nos invade y surge una necesidad estrepitosa de comprar gorros, bufandas, chaquetas, camisetas, pantalones, zapatos..., en determinados estampados y colores para acompañar la pasarela ciudadana y que no nos tachen de anticuados. Llevar determinados colores u optar por vestir de manera atípica a las señaladas fechas serán objeto de crítica para los miles de pasajeros que transitan a través del espectro luminoso de las calles.

Estamos forzados a ser lo que no somos y a no ser lo que queremos ser. Aparcamos a un lado nuestras preferencias, nuestros colores, nuestros atuendos, nuestra música, nuestros gustos y sobre todo nuestro aroma característico para impregnarnos de lo más aceptado por la tirana sociedad. Nos han mentalizado a encajar constantemente en recipientes en los que quizás no quepamos o se nos queden grandes. Cada año, cada estación, cada tendencia o cambio social o cultural que se produce hace vestir a las calles con un distinto perfume pero a la vez los ciudadanos lucen todos iguales como si fuesen un estante lleno de muñecas con los mismos complementos o un ejercito de soldados con los mismos uniformes. 

Las carencias personales y la gran falta de rigurosidad junto a las forzadas elecciones que tenemos que realizar son las que nos impulsan a ser iguales y a convertirnos cada año en la misma muñeca que las demás o el mismo soldado aparentemente igual a otro. Para eliminar todas estas cadenas y convertirnos en los diseñadores de nuestras vidas tendremos que superar todavía muchas más barreras y desligarnos de muchos prejuicios. Debemos darle una importancia primordial a nuestro aroma y nuestro sabor personal para no seguir cayendo en la misma trampa. ¿Podría este año venir a traerme mis regalos Spiderman en vez de Papá Noel? 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Espionaje a low cost...

Como si de un vuelo a precio de mercadillo se tratase hablamos del espionaje en plena actualidad. En este sector no existen las primeras clases, ni asistentes que pasen una bandeja para que seleccionemos "gratis" lo que nos plazca. Todos entramos dentro del mismo envasado.

Hablo de Google, la plataforma más amada del internauta y la empresa con mayor poderío del manejo de datos que existe hoy en día. Más de la mitad de la población española luce elegante su smartphone Android de media o alta gama, presumiendo de lo privado y seguro que puede llegar a ser. ¿Nunca os habéis planteado por qué los numerosos servicios que ofrece Google son "gratuitos"? ¿Quién trabaja sin recibir nada a cambio? Nos hacen leer su política de privacidad: miles y miles de términos maquillados que resultan tediosos a la vista. Ignorantes de la situación, cogemos la pluma informática y firmamos el contrato que nos encarcela. ¿Qué aceptamos realmente? Aceptamos ser víctimas del espionaje y ofrecerles toda la información que necesitan a cambio de sus aparentes servicios a coste cero. 

La pregunta que circula por nuestra autopista de neuronas es: ¿Y por qué yo? ¿Qué les puede interesar de un transeúnte de la vida como yo? Les interesa mantenernos distraídos: conocer los gustos de la gente (reflejo de las millones de búsquedas diarias en Google Chrome); conocer con quiénes chateamos (Gmail o cualquier otra aplicación de mensajería instantánea); dónde estamos y qué decimos (GPS y altavoz de nuestros smartphones); dónde vivimos (imágenes detalladas de nuestras viviendas que podemos obtener desde Google Maps); las imágenes más íntimas de nuestras vidas (tráfico de imágenes en las redes sociales). Todos estos cauces de dígitos ayudan a lanzar campañas publicitarias eficaces, productos que satisfagan las necesidades que hoy no tenemos, conocer sobre qué fechas rondará la aparición del ataque de cierta epidemia anualmente, simplemente leyendo correos electrónicos del día a día y hasta según afirman desde las cavernas más oscuras de la compañía, conocer cuándo una acción va a subir o bajar en la bolsa. Indagando dentro de nuestro Pepito Grillo llegamos a entender que toda esta información es más valiosa que una mina de oro y a muchas multinacionales les interesa.

Ya queda obsoleta la expresión de "las paredes escuchan" porque es prácticamente imposible intentar mantener privada nuestra información. ¿De verdad podemos osar a decir que llevamos una vida íntima y privada?

domingo, 1 de diciembre de 2013

Las manecillas del reloj...

Un grano de arena que cae, un tic (sin el tac), un suspiro a medio acabar, un beso que no se da, un silbido al aire..., en el fondo no son más que golpes del segundero que no son piadosos ni quieren esperar a que caiga otro grano, que suene el tac, que termine el suspiro, que se dé el beso o que el eco regrese.

Cuando éramos pequeños no nos preocupábamos de nada, vivíamos en un estado de felicidad óptimo, generalizo. Todo lo que hacíamos era sin ton si son, o con ton pero sin son pero que más da, ¿alguien se preocupó en hacer las cosas en el momento adecuado o simplemente nos movíamos sin apreciar la caída de la lluvia año tras año? Siendo adolescente ya valoras más el golpe del minutero, eres consciente que la aguja del segundero es imposible de controlar. Un viaje, muchas risas, fiestas, largos momentos, minutos... Empezamos a preocuparnos por "aprovechar" el tiempo, que es lo verdaderamente importante. Los grandes mentores y expertos de la vida se reirán de nuestras preocupaciones, objetarán que la aguja horaria va pasando y son los que de verdad se han planteado que no hay ningún mecanismo ni ningún relojero que retrase infinitamente la ruptura del reloj.

Por eso, antes de llegar a ser los que cuenten a las próximas generaciones lo vivido tenemos que aprovechar y tenemos que arriesgar. Todo  lo que no hagamos, ni en el intento se quedará, y todo lo que perdamos por haberlo intentado, con orgullo lo debemos tomar, ya que no sangrará el remordimiento en nuestra consciencia. Es necesario decir "te quiero", es necesario decir "lo siento", es necesario enfadarse, es necesario confiar en el hoy sin esperar que haya un mañana, ya que puede que ese mañana nunca llegue. Es necesario contemplar la luz antes de que llegue la sombra. Es necesario aprovechar el segundero y el minutero antes que arrepentirse viendo como da golpes la aguja horaria.

¿Cómo podríamos resumir tantas ideas dichas y tantas por decir? ¿Carpe diem?